Feliz año
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Leyendo mar ( El mar ) 1
Marcel Proust "El mar"
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Nostalgias
Pero en ella todo fue distinto, lo descubierto fue lo sublime, lo revelado fue lo extraordinario, lo desnudo fue lo exquisito. Al que ama, al igual que al atleta al que sus propios resuellos le impiden explicar la carrera recién atravesada la meta, solo el tiempo y la soledad le facilitan el embrujo del relato. Por eso es en la distancia en donde encuentra la inspiración para sus mejores recuerdos. Y así en las frías mañanas de domingo otoñal el recuerdo de su aterciopelada piel solo es comparable a eso balsámicos besos suyos capaces de diezmar la nostalgia.
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Jamás, tuve un amor,
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La juventud se lleva por dentro
Apoyado en su bastón y dando pequeños pasos de muñeca de Famosa atraviesa la sala y se sienta en una silla de plástico no sin poca dificultad, -cof, cof, coff, arrrrggg-.
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Carta a una mujer desesperada y cabreada
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Cuando la mar se cabrea...

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Fumando espero...
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Recuerdos
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Si John Silver levantara la cabeza
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¿Soy tan taliban?
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Navegando a bordo de un sueño (4ª singladura)
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Navegando a bordo de un sueño (3ª singladura)

Me siento en la bañera de popa pegado al timón. Y observo con los ojos amanecidos y sumergidos en esa legítima satisfacción de aquellos que se han ganado a pulso sus ojeras... allá al fondo, a través del tambucho, en la cabina de proa, esa mujer en cuyo cuerpo me envolví durante toda la noche, como aun sigue abrazáda a sus sueños
Una tenue presión en las ingles me mueve a bajar y seguir besando esa piel; pero esta vez en un interminable abrazo, uno de esos abrazos herméticos y desesperados, en los que apenas caben los protagonistas.
Sin embargo, el fresco amanecer me encandila de nuevo a seguir contemplando un cielo que por alguna extraña razón, hoy me parece aun mas limpio y nítido. Con una brisa surgida de un virazón procedente de la océano que me inyecta en vena directamente el purgante y penetrable olor de la bajamar.... todo eso hace que se zarandee mi testosterona marinera y que esa tensión aumente.
Cierro este cuaderno de Bitácora y apurando una última calada al cigarrillo bajo a la cabina de proa. Mientras lo hago veo sus ojos dormidos; y encuentro probablemente en ellos, el mejor destino que podía darle a una frase escrita en mi cuaderno... Entonces deseo volver a sumergirme en ella tal y como decía mi viejo amigo Ramón en su poema...
-… para revivirme, para volverme a ahogar-.
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Navegando a bordo de un sueño (2ª singladura)

Con estas singladuras solo trato de adornar recuerdos, y así de paso ir escribiendo el borrador del epilogo de una vida.
2ª singladura
Son las diez de la mañana, el sol esta alto y sus rayos nos despiertan invadiendo el portillo de proa, solo dormimos cinco horas pues la noche fue larga... si leísteis la singladura anterior es obvio el porqué.
Un baño en las tranquilas y frías aguas de la ría de Aveiro nos devuelven al mundo, un cigarro y un cola-cao caliente nos hacen ser el mundo.
Recogemos el rizon e izamos la Génova, trapo más que suficiente para maniobrar la salida. A la media hora nos encontramos virando a babor y enfilando rumbo sur hacia el siguiente destino… Lisboa.
No hay prisa, solamente 90 millas náuticas nos separan de la ciudad dorada de navegantes y marinos. A media tarde pasamos por los bajos de las Berlingas, y contemplamos fascinados como una numerosa colonia de aves marinas: gaviotas, pardelas, paiños y cormoranes moñudos acaban con un banco de alcrique en un frenético vuelo, un sube y baja plagado de salvajes zambullidas.
Cuando los últimos rayos suspiran en el horizonte, doblamos Cabo raso y viramos al este orientándonos por las luces del faro de Cabo Bugio y de Espichel más al sur.
Al poco empezamos a ver el rosario mágico de luces blancas del puente colgante, el olor y la luz embriagan el alma haciendo que el Anduriña navegue solo y sin viento hacia el pantalán. Atracados y después de una ducha de agua dulce en el club náutico -que buena falta nos hacia-, buscamos un bonito restaurante en la vieja zona portuaria. Y allí, a la luz de una vela dando buena cuenta de un perfecto bacalao a la brasa y de una botella de “viño verde” oímos a lo lejos un acordeón y una rasgada voz cantando un fado. Son músicos ambulantes que se acercan, que nos ven, y la ven, y hay algo en los ojos de ella que hacen que se paren y le dediquen una hipnotizadora canción.
Pensábamos dar un paseo por la vieja ciudad, pero tendrá que ser mañana, algo perentorio y urgente necesita de ser consumado ahora. Así pues caminamos hacia el Anduriña y durante el paseo una fuerza apremiante hace que parezcamos corredores de marcha en vez de nocturnos y relajados paseantes.
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Navegando a bordo de un sueño (1ª singladura)

Ahora, en esta cálida mañana de Junio, después de meses de papeleos, viajes, compras y un sin fin de trabajos, por fin empiezo una nuevo ciclo en mi existencia...pero esta vez como navegante de crucero.
Me acompaña la única mujer que en mi vida tuvo el suficiente grado de insensatez como para ser cómplice de este sueño. Un sueño que nos hará respirar un aire azul y líquido como el fondo luminoso de nuestras fantasías. Un sueño que nos llevara a retiros desconocidos y deseados, a atardeceres de sal, y a amaneceres plásticos repletos de olores, sabores y texturas.
1ª Singladura
Puerto de Vigo, 7 de la mañana, acabando de meter los últimos víveres y pertrechos
a bordo del “Anduriña” un ligero y noble Comet 45 de 12 mtrs, aparejado con 3 trapos: mayor, genova y spinnaker.
Aprovechando el terral de la mañana y después de unos bordos y alguna rápida y precisa maniobra, enfilamos a la entrada sur de la ría de Vigo dejando atrás el sol recortándose por encima del alto del Vixiador.
Unas pequeñas clases teóricas y ella se hace cargo del timón. Mientras, acabo de cazar los vientos del NW procedentes del Anticiclón de la Azores. Una vez aparejada la maniobra, ponemos el piloto automático y nos tomamos un taza de café bien caliente en la cubierta mientras contemplamos abstraídos el contraluz de la costa por babor: El estuario del Miño, Cabo Montedor, Viana do Castelo. Y a lo lejos por estribor, alla en ese inmenso y lejano horizonte... el Atlántico con toda su autoridad y grandeza. El día pasa tranquilo dejándonos hacer una navegación serena y apacible. Y cuando por fin, el sol tiñe de rojos y oro el horizonte...hacemos nuestra primera escala.
Ciento veinte millas náuticas navegadas y entramos en la ría de Aveiro, buscamos fondo y aferramos el rizon dispuestos a pasar la primera noche en la mar. El silencio y las estrellas nos arropan. Un baño en sus frías aguas, una cena y unas caricias acompañadas de historias contadas bajo una túnica de estrellas, son el prologo de unos instantes inolvidables...

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El tranvia de medianoche

Dejando a un lado cualquier cavilación más inteligente sobre el tema, creo que fui arrollado por esa ola que hace que no te parezca ya entretenido el aburrimiento con el que antes tanto te habías abstraído. A lo mejor es que los pixeles reciclados en cordura son una especie de extravagante anomalía que nos aparta de aquellas emociones que nos habían arrastrado a un galimatías en el que, sin saberlo nosotros, carecia del suficiente atractivo para seguir traspapelado en el. También pudo haber influido que las noches de verano se llenasen de efluvios de sudor y azahar, dos olores que envician excesivamente la realidad hasta reducirla a las escuetas extensiones propagandísticas de un prospecto.
Pero sigo sin tener claro las razones de mi desbandada. Tal vez puede ser que empezara a repetirme en las historias de mi vida convirtiendo estas en una especie de hervidero de hielo, como una película en la que por culpa de un súper largo metraje llegasen a bostezar incluso los figurantes. La verdad es que se hace difícil de llevar estas noches en las que hasta la espontaneidad es el resultado de extensos y tediosos trámites. Y donde no ocurre nada, absolutamente nada… que no mejore el olvidarlas.

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NEDA

...pero del higado lo unico que me sale es bilis y malaostia... y un:
MECAGO EN TODOS LOS PUTOS INTEGRISTAS
MECAGO EN LAS PUTAS RELIGIONES QUE MATAN EN NOMBRE DE SU PUTO DIOS
MECAGO EN LOS PUTOS GOBIERNOS QUE ARMAN A ESTOS TARADOS
MECAGOENTOLOQUESEMUEVE
CABRONESSSSSS
!BASTA YA JODERRRRR!!
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Amor a primera vista
La ame desde el primer día que la vi. Nunca crei en esas pasiones que dicen a primera vista, pero ella transformo mi ateísmo hacia el amor espontáneo en un integrismo puro y duro. No sé si fueron sus curvas (generosas por cierto), o su paradójicamente a la vez fina silueta. No sé si fue su sensual manera de acariciar, o su vigorosa e infatigable energía, creo que todo influyo un poco a la hora de provocar ese etéreo estado de enamoramiento. Pero además de creer; de algo en lo que si estoy totalmente seguro, es que su patrimonial nobleza hizo mella en mi voluntad inmediatamente.
Me quedan dos semanas para disfrutar de unas merecidas vacaciones, y sueño obsesivamente con ella a diario. Sueño con atardeceres contemplando el poniente acariciado por el olor de la bajamar, sueño con la suave brisa mezclada con la salitre en mi piel erizándome los poros y produciéndome esa energía necesaria para seguir cabalgando con ella hasta que el sudor resbale entre los dos. Sueño con acariciarla y con sus caricias. Sueño con cada parte de su cuerpo, sueño con…sus baos, con sus cuadernas, su “cufiño”, su “panel de couso”, su “cadeira”, su “panel de meo”, su “tilla”, su banco y su proa. Sueño con su caña gobernada con mano firme, con cazar vientos, con estelas por la popa y cabezadas por la proa. Sueños y deseos que con disimulada elegancia, me hacen olvidar los avatares de la vida.
Me imagino que a estas alturas del texto, ya os habréis dado cuenta que hablo de una embarcación, pero os diré también que no hablo de una embarcación cualquiera. Hablo de una “Dorna”
La dorna es la única embarcación de legado nórdico existente en el Sur de Europa, posiblemente un recuerdo de las incursiones vikingas a las aldeas costeras de mi tierra (Galicia). Los antiguos pescadores gallegos desde hace muchos siglos, (hay datos para pensar que anterior al siglo XII), supieron adaptarse a este "regalo" de la tecnología nórdica, creando una embarcación difícil de superar en su funcionalidad, en su facilidad constructiva y n su economía de materiales.
Con poco más que madera para tablazón y arboladura, clavos, unos pocos herrajes, unos metros cuadrados de paño, algo de cordaje, brea y aceite; un carpintero de ribera amante de su oficio creará una obra de arte, ejemplo de lo mucho que se puede "sofisticar la sencillez".
Nada falta, pero nada sobra, espartana pero elegante. Así es la dorna. En las Rías Baixas hay un número creciente de unidades que vuelven a navegar a vela con su aparejo de relinga, que si bien es efectivo y simple, para evitar roturas de palo o incluso "quillas al sol" requiere ser manejado con el sentido del ritmo y de la medida que se necesitarían para jugar al tenis en un tablero de ajedrez.
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Un adios sentido
Nunca fui una persona dada a homenajes póstumos, ni milongas de ese tipo. Aquí estamos de paso, y cuando toca… a joderse! Es algo que nos queda muy claro a aquellos que alguna vez sentimos el fétido olor de la negra señora de la guadaña en nuestra nuca; en esas afortunadamente "contadas ocasiones”, en que la luz de la vida fue oscurecida por la cercana sombra de la muerte.
Por eso, en este escrito no quisiera recordar a esa quebradiza persona, ya que no deja de ser uno más entre muchos. Una víctima más de una generación que accedía por aquel entonces a las frágiles libertades de una democracia en pañales, agarrándose al engañoso madero de las drogas para sobrevivir el naufragio de su propia vida. Dejando transcurrir esta, en medio de un autentico frenesí y ansia por comerse las noches a bocados, al grito de maricon el ultimo.
Personalmente el pop español de los ochenta nunca fue una música que marcara en exceso mi melomanía, pues ya en esos años este que suscribe tenía unos gustos musicales un poco “raritos” e inclinaba ya mis gustos por todo aquello que salía de la factoría del jazz y sus variantes, teniendo entre mis preferidos músicos como: Billy Cobham, Stanley Clarke, Jaco Pastorius o el español Max Suñer. Pero eso sí, de toda aquella larga lista de músicos salidos de la movida que no me decían nada, siempre aparte de ese saco a gente como Santiago Auseron (Radio Futura), o Antonio Vega (Nacha Pop).
Pero como decía; este escrito no va dirigido al músico, sino a su música y lo que ella represento en mi vida y en la de varias generaciones. Cuando cantaba, (perdón, cuando susurraba), cincelaba las canciones quitando el sobrante y dejandolas perfectas. Haciéndonos sentir con su música un abrazo amadrinado a la presencia cálida y delegada de un amigo de noches de alcohol y porros. ¿Quién no vivió algún momento intenso de su vida arropado por las letras de unas canciones que nos transmitían al instante el latido de la experiencia intensa, el embeleso del descubrimiento exclusivo, la premura de vivir el momento, el carpe diem? Dicen que fue un cáncer de pulmón quien se lo llevo, pero creo que todos sabemos que no. Que quien de verdad le quito la vida, fue la puta heroína que cabalgo a sus anchas en aquellos años. La heroína y sus resultas… hepatitis C y Sida.
La música acaba de perder una de sus voces más intimas y verdaderas, es una pena.
Antonio Vega, hasta siempre
Como hablar, si cada parte de mi mente es tuya... (Antonio Vega y Amaral)... Para Sylvia
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Reescribiendo sueños
UN CORREO PARA REFLEXIONAR
En la mar a 22 de Junio del 2007
Hace dos días que la ultima gaviota nos dejo.
Después de acompañarnos durante un par de horas, nos dedico un gesto de aburrimiento y dando media vuelta voló hacia el este dejándonos solos en medio de este gran azul. Siempre es ella la que nos dice el ultimo adios de la partida, siempre es ella el ultimo vinculo con tierra, y siempre es ella la que me llena el corazón de soledad.
Es duro, muy duro el día de la partida. Y no se por que extraña razón, ese día siempre amanece gris y lluvioso...será porque vivo en esta tierra celta y la mitad de los días del año son así, o será a lo mejor, porque el cielo refleja mi estado de animo así como la mar refleja el estado de animo del cielo. No lo se, supongo que mas bien será una puñetera casualidad, como casi siempre es aquello que creemos son signos del destino en nuestra vida.
Las despedidas empiezan con el amanecer; primero te despides de tus cosas, de tu hogar, de tus perros, de tus hijos y por ultimo ya traspasando el umbral de la puerta un sentido abrazo te despide de lo que mas quieres en este mundo. No me gustan las despedidas a pie de muelle...son demasiado tristes y demasiado largas...mas bien agónicas, diría yo.
Mas tarde y una vez dicha la palabra mágica ¡Arriad cabos!, mientras tu barco navega proa a las puestas de sol, coges tu móvil y aprovechando la cobertura te despides de amigos y gente querida por ti. Un..”Hasta la vuelta” es la ultima palabra que dices. No se porque esta despedida tiene para mi una menor carga de incertidumbre, que un “Adiós”, o un “Hasta siempre”, simples palabras dichas u oídas, pero son estas pequeñas cosas las que forman un todo en un día especialmente triste para el marino, costumbres que vas adquiriendo a lo largo de esta eterna mili, pero que alivian aunque sea en menor medida tu alma.
Esta marea que estoy empezando, no me encontraba con mucho animo de escribir mi ya acostumbrada entrada de los viernes, puesto que salí el miércoles y el cuerpo y la mente aun se están integrando en el entorno, pero ayer recibí un correo de una gran amiga...Bona, una loba solitaria como se define ella. En el me decía que si me había parado alguna vez a pensar lo que me pierdo pasando la mayor parte de mi vida en la mar. Reconoce que la mar me da muchas cosas, pero que la vida es mucho mas de lo que ella me da. Que hay infinidad de paisajes por descubrir, de gentes, de experiencias, y de sentimientos que me pierdo.
Y la verdad, no se que contestarle. Se que tiene razón, mucha razón. Pero cuanta gente hay que vive en tierra, y en su día a día dejan pasar la vida frente a sus ojos, sin prestarle la menor atención a esos paisajes, a esas gentes y a esos sentimientos que ella me describe. Lo único que le podría decir es que la mar para mi no es un sacrificio, es una necesidad. Son setenta días los que estoy en la mar y tan solo quince en tierra...Reconozco que muchas veces, me siento harto de todo esto y reflexiono seriamente sobre lo que me plantea mi amiga. Pero cuando estoy una temporada larga en dique seco...léanse un par de meses. La vida en tierra se me empieza a antojar caótica y estresante, mi sangre empieza a perder sal y mi cerebro se llena de cotidianidad aburrida. No son pocas las veces que me comparo con un rumiante. Mientras estoy en tierra como de la vida con avidez, para una vez en la mar rumiar y saborear todo aquello que vi y aprendí en mis días de descanso, disfrutándolo con la calma que me da la mar, saboreándolo...sintiéndolo de otra manera.
Soy gallego y fiel a mis ancestros. Y como tal le contestaría a mi amiga con otra pregunta. ¿Qué es lo que hace que un campesino manchego, prefiera vivir en medio de esas ocres y secas planicies?, ¿o un hijo del desierto ame ese inmenso mar de arena?.
Yo soy hijo de la mar y amo la mar, necesito sal en mis venas y que el seco y frío viento del norte consuman mi cigarrillo, mientras yo consumo pensamientos y recuerdos. Necesito la paz de sus amaneceres y sus atardeceres, la de sus noches de luna y la de sus días claros. Necesito esos cigarrillos apoyado en la regala del puente cuando toda mi tripulación duerme, tanto como los subidones de adrenalina en una noche de temporal. Y además como dijo ella acabando su correo...
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Y de postre?
En un post reciente comentaba la iniciativa del ayuntamiento de Gijon en alegrarnos las mañanas a los ciudadanos que en ella deambulamos llenándonos la ciudad con carteles, que a la vez que te daban los buenos días, te sacaban una sincera y maliciosa sonrisa.
Hoy, de vuelta en esta ciudad después de disfrutar de unas vacaciones, son sus hosteleros quienes me reciben con una grata sorpresa. Una proposición para este puente de Mayo que bien podría llegar a convertirse en atrayente slogan del principado… “Visite Asturias y será envuelto en chocolate y fresa”.
La oferta en cuestión consiste en incorporar al alojamiento un buen masaje ungido en aceite esencial de fresa y chocolate. Y puedo dar fe, pues lo he probado (aunque no en hoteles), que te quedas como “un rey en un cesto”.
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