29-S

Siempre pensé que las huelgas generales servían de fermento para que se produjera entre nosotros la convulsión social oportuna de la que pudiera derivarse un nuevo orden en la relación de los ciudadanos con sus gobernantes, dando por extinguido un modelo en el que la eficacia de los políticos se demuestra secundaria respecto de su soberbia, su prepotencia y su despilfarro. Y que al mismo tiempo, esta fuera base de un estallido social que se llevara por delante una manera de hacer política en la que sus "profesionales" se sirven de las urnas para evitar que su merecido destino sea el furgón de la Policía o un banquillo en el juzgado.
Pero no, en este país de navaja y tortilla el derrocamiento de jerarcas atornillados a sus puestos solo pasa por papeletas cívicas que trastoquen su mundo de ganadores a perdedores, olvidando que perdedor no es el que sale derrotado de las urnas sino el que perdió la familia, el empleo, la salud y la esperanza.
Hago mías las palabras de Maese Reverte cuando se lamentaba profundamente que este país no hubiera parido un Joseph Guillotin. De haber sido así otro gallo nos hubiera cantado.

A VIUDA



Conozco un lugar donde la gente entre taza y taza de ribeiro, nace, crece y muere en gallego. Donde la vida fluye de manera natural y espontanea a la hora del ángelus sin campanas que lo pregonen. Donde la ausencia no solamente es una actitud pensativa reservada exclusivamente a esos enigmáticos rostros cincelados por el viento y la sal que lo frecuentan.
Uno de esos sitios donde descubres lo agradable que resulta a veces la empalagosa e insensible tolerancia de la amistad en unos parroquianos que solamente fueron juiciosos cuando ya la salud les impidió ser temerarios; ese tipo de hombres a los cuales el denso humo del tabaco les sigue rebajando dos notas la voz cada vez que hablan de esa mar. Que en su boca, y cuarteada en meridianos y paralelos, en brazas y en millas, en pozos y en puntales, se te hace grafica en el alma hasta el punto de ser más reconocible y familiar que el pasillo de tu propia casa, a nada que hiles la conversación.
Un lugar donde las piedras hablan un idioma tan viejo que te hacen recordar el olvido, y la madera huele a bajamar, pimentón dulce y aceite de oliva virgen.  Y en donde las manos de su dueña transforman en orfebrería culinaria los sencillos platos marineros, y en exquisitez la sublime indigencia del producto; haciéndote disfrutar sensaciones que nuestros nietos en el mejor de los casos, solo podrán leer en los viejos recetarios.
Pero además de la comida y la buena compañía, hay algo que me gusta en sobremanera, y es su luz. Esa luz de atardecer invernal que a través de sus cristales hace que intuya de manera hermosa, la amargura de esa otra  desalentada luz observada en la mar.
Y como casi siempre, cuando esa  luz efímera se esfuma, yo disfruto el momento como si lo estuviese recordando.
… Conozco un lugar en un pequeño pueblo de pescadores gallegos donde tuve el privilegio de haber sido adoptado, que se llama… A Taberna da Viuda (Bueu)

LEYENDO MAR (El hombre y el mar)


¿Y que si soy del mar, si él me trae y me lleva y me conoce y no le tengo miedo? No te fíes de mí, ya te lo aviso, ni me eches la culpa de mis mareas altas ni de mis remolinos o resacas. No tiene explicación, ni se la busques, el oleaje libre de la vida, que le vamos a hacer, eso no se controla. Si dices tú que la pasión te ha hecho perder la libertad, es que no conoces la pasión por la libertad misma.

Carmen Martin Gaite   La reina de las Nieves, 1994

Related Posts with Thumbnails