Cambiando un poco el color negro y gris de mis últimos post y aprovechando un poco este sol invernal que no solamente te caldea el ánimo, sino también el alma y algo más, me gustaría comentar una noticia que recorre los últimos telediarios y tabernas de este país… “Los españoles follamos poco y mal”.
Lo dicen las encuestas eh!, que no me lo invento yo. Aunque a mí me gustaría saber a quién coño le hacen tales sondeos, pues siempre hablan de un montón de miles de encuestados y a mí personalmente nunca me entrevisto nadie para entrar dentro de estos recuentos, aunque según ellos estos están avalados por las “sinceras” respuestas de 18.000 hombres y mujeres en edad de merecer, o séase entre los 16 y 55 años.
Dichas estadísticas están hechas por una conocida marca de condones y nos hacen ver con los números que el tan afamado latín lover es cada vez menos latín, y menos lover, deportándolo a los puestos de la cola en cuestiones del fornicio; exactamente el decimonoveno de veintisiete. Según la conocida marca nosotros solamente le andamos en las muelas a la legítima o no tan legítima, noventa días al año, frente a los ciento veintidós de los rusos, -y no es por el frio, que este invierno hizo un pelete del carajo y no aumento la estadística-. Aunque los Ivanov que no se echen muchas flores que ahí están los hijos del Tío Sam para declárales la guerra caliente, ya que estos los superan con ciento treinta y dos polvos anuales. Personalmente estos dos me la cuelgan pues me pillan muy lejos. A mí lo que más me jode es que nos superen los gabachos con ciento veintiún coitos anuales.
Pero la cosa no queda ahí a la hora de suspendernos en la asignatura más regalada del curso, ¡no! Los gabachos además de follar mucho y bien tienen una media de cambio de pareja de diecisiete personas diferentes frente a los españolitos que se conforman con cinco amantes solamente en toda su biografía.
Aunque; no os hagáis el harakiri colegas, porque eso sí, somos los que más hablamos con nuestras parejas de sexo. Lo que viene a ser lo mismo… todo se nos va por la lengua.
Así que si somos los primeros en el uso del motor auxiliar ya que al principal le faltan caballos, vayámonos poniendo las pilas y llevemos a la práctica aquello que dijo una mujer una vez –Querido, a mí me gusta que en la cama, los hombres me hagan con la boca todas aquellas cosas que no se atreverían a deletrear-. Lo malo, y eso lo he comprobado personalmente. Que por muchas milongas que le cuentes a una mujer que aparentemente te escucha absorta, lo que en verdad desea es que esa espiritualidad literaria acabe en un carnal beso con lengua.
Pero digo yo… si queremos igualdad de géneros, repartámonos las hostias también, ¿no? Pues si los españoles tenemos la libido baja y no damos el kilo, algo tendrán que ver en esto nuestras prójimas. Lo que quiero decir, es que por poner un ejemplo: hoy en día te sientas en una terracita a tomarte un café y ya de paso a contemplar paisaje. Y en pocos minutos ante ti se produce un desfile pertinaz de féminas en pantalón pirata, chanclas, lorzas al aire y camisetas sudadas, y si vuelves la cabeza a la mesa de al lado observas como la Vanesa de turno se sienta despatarrada con el tatuaje en la teta y el piercing en el ombligo en actitud desafiante, -que no es lo mismo que provocante-. Nada que ver con el suave contonear de aquellas hembras memorables provocado por la mezcolanza de tacones, medias, faldas ajustadas y astutas curvas. Y si solo fuera cosa del indumento o de esa manía que hay ahora entre las mujeres de vestirse con prendas que les caen como una patada en la bisectriz, todavía. Pero lo malo son las formas, si las formas. No sé si en algunas cosas yo seré muy clásico, pero que una mujer que acabas de conocer en una noche de copas, a la tercera te pregunte ¿dónde vamos a follar cariño?, además de ser una ordinariez es una falta de respeto, al menos con este que suscribe, a pesar de ser un tipo que tiene la certeza que si hiciera un resumen de los párrafos vividos con algunas mujeres, tranquilamente podría hacerse un relato decente, y si de ellos escogiera solamente los aspectos sexuales mas sórdidos, estoy seguro que cualquier editorial no tendría problema para publicarme un tratado de jardinería. Y ahora… que me echen los perros.
