-Intentare ser breve porque estamos intentando ahorrar baterías. La primera sacudida ha sido fortísima y ha durado más de un minuto, en cuanto hemos podido hemos abandonado los locales. El panorama es devastador, los edificios más importantes han desaparecido, por todos sitios se registran daños ingentes, edificios enteros de varios pisos se han quedado al ras del suelo, un supermercado muy conocido que a esa hora tenía que estar lleno de gente ha sufrido gravísimos daños, esta reducido a ruinas. Por las calles vagan personas presas de crisis de pánico y de histeria, heridos buscando ayuda. Es difícil llegar a los hospitales, las calles de la capital son impracticables. Nuestro viaje a casa ha durado más de dos horas para hacer diez kilómetros y eso que por suerte teníamos el Jeep. Hemos intentado ayudar como hemos podido para transportar a los heridos, al menos a los niños no acompañados.
Desde los escombros se oyen los gritos de socorro de los que se han quedado dentro, y los parientes se desesperan por la impotencia, falta la luz para iluminar la zona y poder seguir escavando por la noche.
El hotel montana donde he comido hoy esta semidestruido y han contado doscientos desaparecidos. Todos los medios de la misión de la ONU se han movilizado para ayudar, pero las mismas naciones unidas han sufrido daños graves con su cuartel general destruido y varios empleados civiles desaparecidos. En toda la ciudad la gente se queda en la calle, unos porque ya no tienen casa y otros por miedo a nuevas sacudidas. Lo que hemos visto atravesando la ciudad es terriblemente espantoso. Realmente no se por donde podremos recomenzar, pero lo haremos.
Es terrible, no dejo de pensar en los cuatro niños que hemos rescatado esta tarde. Cuatro hermanos que han terminado bajo una casa destruida, sin sus padres que todavía no habían vuelto del trabajo. Uno de ellos tenía heridas gravísimas y lloraba desesperado, su hermana lloraba preguntando ¿Cómo nos va a encontrar mama, si ya no está la casa? Rezad por este país en desgracia.
Ciao.
Fiamela.
Rezad por este país en desgracia? ¿Rezad a quien, a qué, a Dios? ¿A ese Dios compasivo y misericordioso, con el que nos obsequian las religiones? ¿A cuál de ellos abra que rezar, a Yahve, Jehová, Ala, Buda, Jesucristo? ¿A ese padre creador eterno, omnipotente, piadoso y bondadoso que según las llamadas sagradas escrituras dijo “bienaventurados los pobres, porque ellos heredaran la tierra”?... la verdad que ayer cumplió su palabra al pie de la letra enterrando bajo ella y sin clemencia el país más pobre de Latinoamérica.
Siempre fui convencidamente agnóstico frente a las religiones y sus dioses, aunque naturalmente, en los peores momentos de mi vida me asaltó la duda de agarrarme a ese Dios para caer al menos con la elegancia con la que caen las cometas, o las bailarinas, y si a pesar de todo sentí a veces la tentación de buscar a Dios en algún cubil, supongo que fue porque, en un naufragio nadie es alérgico a la madera.
Pero con la edad y conforme aumento mi capacidad de análisis y reflexión, si tenía la menor duda esta se diluyo totalmente. Que Dios bondadoso y piadoso es ese que ya en aquellos lejanos tiempos le pedía a un padre que sacrificara a su propio hijo solamente para satisfacer su infinita vanidad y egocentrismo. O aquel que quemo con azufre inocentes sin distinción alguna por que practicaban sexo con su mismo género. O ahogo bajo un diluvio universal toda vida terrenal menos aquella elegida por el, sin temblarle el pulso y haciendo alarde de una crueldad abrumadora. Desde el principio de los tiempos ese Dios lleva exigiéndole a sus legiones de discípulos y creyentes una fe inquebrantable y absoluta en la que todo se justifica; desde negarse a uno mismo hasta la extenuación, a morir en sacrificio, o matar en nombre de Dios.
Lo siento por aquellos que creéis en el ciegamente, pero vuestro Dios, -y ayer lo demostró una vez más-, es un gran hijo de puta cruel e inmisericorde, que no merece ni que se mencione su nombre en vano.








