Despedida


Viñeta modificada del personaje Corto Maltes (Hugo Pratt)

... HASTA LA VUELTA

Corazon de sal


Fuera en la calle, llueve y braman ariscos los vientos entablados del sudoeste en este gris y triste amanecer de semana. Eso y mas, hace que a este viejo bribón que suscribe le llueva el alma por dentro, Y como dulce y anhelado purgatorio cierre los ojos y los deje aullar en lo más profundo de su corazón, haciendo que este duela, como duele el corazón de un enamorado cuando comprende que ha de alejarse del ser que considera una parte de si mismo, como cuando el oro se destiñe de su brillo y el incomparable azul de la mar se convierte en el negro mas oscuro. Os aseguro que en esos tristes momentos, es cuando parece desplomarse el telón de nuestra vida, es cuando se pierden las imágenes de la palpitación eterna y la armonía diaria se diluye como sal en el agua.

Aunque uno sea optimista, -desde luego de forma moderada- gracias a los cuarenta y cinco años de mochila a hombros, y no al estilo de otros que lanzan chirimías sin medida, para después descabalgar el santo. Los mil problemas que van surgiendo en la vida como piedras de escollera que afloran con la bajamar, rozan una y otra vez las chapas del pantoque del alma, abriendo una vía de desazón y recuerdos en el más bragado y atrincherado de los corazones.

En días así, la morriña de los recuerdos abona la fertilidad poética de la memoria haciendo que de la marea a uno solo se le quede grabado el olor de las algas en la bajamar, al igual que de las postrimerías del último verano de la infancia uno solo suele recordar la bicicleta pinchada, las golondrinas abanicando los sepulcros y unas ajadas bragas en el tendal de las toallas. Tal vez sea por eso por lo que la mar se disfruta más cuando el transcurso del tiempo ha hecho irremisible su pérdida y podemos recordarla con una mezcla de exactitud y de leyenda, en esa delirante y mórbida distorsión que suelen causar la acetona y la fiebre en la siesta de los niños. No se trata de que haya olvidado como eran en mi vida la mar y los escollos, los amaneceres, los atardeceres y los hombres que llevan la piel tatuada con profundos surcos de vida. Sino de recordar que ya entonces tenía por costumbre sentarme frente a cualquier paisaje y cerrar los ojos para intentar redondear la realidad con la imaginación, como si el panorama no estuviese acabado sin las pinceladas con las que tantas veces suele la fantasía completar las nimias imperfecciones de la belleza.

Repaso viejas fotos de mi vida en la mar y la minuciosa realidad casi matemática de la fotografía merma la emoción de los recuerdos, su literatura y su leyenda, porque nada perjudica tanto el olor de las flores como saber de ellas la tumba, el estiércol y su precio. A lo mejor es que las cosas de la mar se recuerdan mejor cuando con el paso del tiempo se tiene más fresco su olvido.


Fredo
Vigo a 10 de Marzo del 2008


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Poli bueno... poli malo




Este miércoles apunto estuve de acabar con mis salpicados huesos en alguna húmeda y oscura jaula de los sótanos municipales. Y ahora pasados los días, ya con el cerebro refrigerado, hasta pienso que no me habría venido mal una pequeña dosis penitenciaria; pues aquellos que alardeamos de civismo, somos a menudo los primeros en pasarnos las normas ciudadanas por el escroto y hacer lo primero que nos sale del mascaron de proa.
Los hechos sucedieron la mañana del miércoles cuando después de dar tres vueltas a la manzana sin encontrar un sitio donde poder aparcar. Ya que ahora, debido a la “no” criticable moda edil de peatonalizar y humanizar el centro de nuestras urbes es más difícil localizar un rincón donde alojar la chatarra, que te toque el cupón de ciegos cuando tienes por costumbre el no comprarlo.
Pues eso... que cansado de dar vueltas opte por rellenar un hueco de esos adornados por la execrable señal de “Prohibido aparcar, excepto carga y descarga”. En esas estaba cuando atraco al lado mía un chispeante coche rojo y blanco con un altavoz en el techo, el cual confundí con uno de esos indigestos vehículos que usan estos días para hacer propaganda electoral. Y mientras hacia mi maniobra, observaba por el espejo retrovisor de la puerta, los brazeos constantes del acompañante del conductor. Que entendí rápidamente: no quería que aparcara allí.
Mire para el y apuntándolo con la punta de mi barbilla, le dije:
-¿Qué carallo queres?
-Que ahí no se puede aparcar-, me contesta el calvo que hacia las veces de copiloto.
Y ya un poco arto por las vueltas dadas y por esa desconfiada sensación que remolcamos los marinos en tierra, la conteste de ignominiosa manera, potenciando mis palabras con el dedo anular levantado:
-Anda e que te jodan, o sea que eu non podo aparcar e ti si. ¿Non listillo?
Me resulto peregrina la rápida reacción que tuvieron tanto el cómo el conductor -que por cierto era una mujer- al desabrocharse el cinturón sin mas preámbulos y bajarse del coche.
No sé si era exactamente por la protección que me ofrecía el interior del mío, pero puedo asegurar que en ese momento me sentía todo lo sereno que puede sentirse un hombre cuya conciencia haga de vientre con facilidad. Aunque esta tardo solo un segundo en irse al carajo; el mismo tiempo que tarde yo en darme cuenta que la susodicha pareja ataviaba uniforme de policía municipal.
-Bájese del vehiculo- me dijo con muy mala leche la fémina policía.
-¡Coño!, sodes vos... confundinvos con un coche de propajanda- fue mi ya desesperado alegato de descarga.
-Que se baje del vehiculo y ponga las manos sobre el capo- me requirió impaciente la señora vestida de hombre de Harrelson.
Y en aquel momento supongo que porque, que se sepa, en un naufragio nadie es alérgico a la madera, eche mano del calvo con cara de bonachón, aunque sin mucho convencimiento ya que había sido pillado cual niño con la mano en el monedero, y encima relamido de soberbia.
-Veña Jefe, ¿Imos faser dunha merda un drama?
-Pues si- dijo la alumna de Torquemada
-Pois a min no me da a jana de sair do coche- conteste yo airado
Y entonces, supongo que por aquello de: sabe más el diablo por viejo que por diablo, el abuelo municipal asumió su papel de poli bueno. Y mediando en el conflicto, fue apagando los ánimos de los unos y los otros, dejando que al final el altercado quedara en una simple amonestación. Eso si... con mucho pesar de la sabuesa.
Y con todo esto llego a una conclusión... A veces, es mas de sabios, en según que circunstancias; atracar la lengua al abrigo de donde sale la comida, que tenerla abarloada por donde entra... ¿Se entiende, no?



Fredo
En Vigo a 8 de Marzo del 2008






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Angeles de carne y hueso


En estos días vengo escuchando en diferentes medios, el ya habitual y reconocido deporte nacional de echar los perros a alguien sin tener ni puñetera idea de lo que se dice. Esta vez el marrón le cayó a una institución tan respetable para la gente de la mar como es el SAR (Servicio Aéreo de Rescate). Poniendo sea de paso y en entredicho, la profesionalidad y el buen hacer de estos hombres. (Ver)
Principalmente basan su desconfianza en un cable de acero que supuestamente debería de aguantar 200 kilos de peso y que rompió en el momento del izado de un naufrago. Efectivamente estos cables vienen preparados para aguantar ese peso, pero lo que desconocen quienes hablan o escriben tan gratuitamente... es la fuerza de esa señora azul. Ahora me gustaría a mi romper una lanza en su defensa, y de paso que los amigos de este blog conozcan algo sobre su meritoria, entregada e imprescindible labor.
Fueron varias las veces que a lo largo de mi vida profesional tuve relación directa con estos hombres. Pero ninguna tan dramática, ni de tan compleja maniobra el rescate como la evacuación de un miembro de mi tripulación que había sufrido un gravísimo accidente (Ver).(Ver)
Las condiciones de la mar aquel dia eran realmente duras, aullaban vientos fríos del noroeste de fuerza ocho a nueve (casi 80 km/h), acompañados de trenes de olas de casi 10 mtrs de altura con una visibilidad prácticamente nula debido a los fuertes aguaceros que caían.
A causa de la gravedad del accidente y de la situación en la que nos encontrábamos obligue al barco a navegar exhausto totalmente atravesado a la mar, poniéndolo en grave riesgo junto con la tripulación. Después de angustiosas horas de navegación los rotores del helicóptero de salvamento anunciaron su llegada en la lejanía y cual quimérica ilusión apareció de golpe en nuestra vertical colocando el aparato a escasos metros de nuestras antenas, haciendo alarde de una pericia más propia de malabaristas círquenses que de un comandante de aeronaves... Es aun hoy el dia en que me deja perplejo su solo recuerdo.
Esto así relatado puede parecer una maniobra relativamente fácil, pero estabilizar un helicóptero aproado al viento mientras el barco no para de dar violentas escoras a una y otra banda, yo personalmente... lo veo harto complicado.
Aunque lo peor aun estaba por llegar...
Transcurridos unos breves segundos desde el momento en que el aparato se situó en nuestra vertical, observe como bajaba el rescatador colgado del famoso cable, indefenso y en medio de un enjambre de antenas, radares, stays y palos. ¡Que huevos tiene esta gente!... fue lo primero que pensé. Y a punto estuvo de romperse el alma el hombre en uno de esos bandazos, si no llega a ser por la rápida intervención de nuestro cocinero que evito que la regala de estribor lo golpeara salvajemente en la cabeza. Inmediatamente después de poner sus pies en cubierta y con un gran profesionalidad mezclada de una alta dosis de humanidad, preparo al tripulante en la camilla de evacuación en escasos segundos, levantando a continuación el dedo pulgar para anunciar que estaba listo para el izado. Apenas fue elevado un par de metros, el helicóptero cayo a estribor llevándoselo consigo a una velocidad asombrosa, y dejándonos a bordo la dulce esperanza de haber salvado una vida.
Nunca será suficiente el agradecimiento que podamos dispensar la gente de la mar a estos hombres. Hombres que cuando te ves sumergido en las frías agua atlánticas, presenciando tu propia vida como un mero espectador que considera improcedente cualquier aspiración a vivirla, licenciándote un poco mas de ella a cada segundo transcurrido; su sola presencia te da el empuje necesario para no atravesar esa fina línea que marca la frontera entre la vida, y la eterna compañía de Neptuno.
De esta manera quiero dejar patente mi rechazo a esas criticas y de paso, mi pequeño homenaje a esos hombres que arriesgan la suya inagotablemente para que nosotros podamos fumarnos algún cigarrillo mas apoyados en la regala contemplando ese aire tan azul y liquido como el fondo luminoso de nuestros sueños.

Fredo
En Vigo a 2 de marzo del 2008

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