LEYENDO MAR (Escalas)

Lista de placeres de la escala

-Sentarse en la taberna del puerto para mirar desde tierra tu barco fondeado.
-Beber algo fresco.
-Consultar un menú con tres opciones por plato sin preocuparse por quien lavara los mismos.
-Callejear.
-Abusar del agua dulce dejando que corra el agua de la ducha, lavar los calcetines en el lavabo, etc.
-Pasear.
-Tomar un helado de chocolate.
-Ir a que te afeite un barbero profesional y que te lave el pelo una mano amiga. Para los que no se afeitan, sacar la barba de paseo y enseñarle el mundo y la ciudad.
-Ver pasar a la gente.
-Dormir en una cama con los brazos en cruz.
-Leer los folletos turísticos de la escala.
-Alquilar una Vespa o un coche e ir a visitar una ruina (por desgracia, siempre cae en la hora de más calor, entre mediodía y las tres), un museo, un palacio, una montaña.
-Pasearse al caer la noche por el muelle contemplando y comentado sobre los otros barcos.
-Cenar con música, acordeón, guitarra, bag pipe, lo mismo da, según la latitud.
-Amar
-Comprar un diario y constatar que cuanto más cambia todo, mas sigue todo igual.
-No preocuparse del viento, pero dedicarse a evaluar con los amigos la fuerza y la dirección que lleva.

… A mí se me ocurren un montón de cosas más, pero respetemos el texto de Deniau

Jean-François Deniau - La mar es redonda, 1981

SU HUELLA

La mar es una enloquecida amante de furores y caprichos: pero si algo enseña de verdad es a tener mucha paciencia. Hay que sentir el barco bajo un viento intenso, sin posibilidad de huida, forzándolo a ponerse a la capa, como su marcha es un prodigio de paciente obstinación. El peligro que arrastra es tan hermoso como la perseverancia en soslayar el obstáculo.
Más de un marinero me ha contado que habiendo sido enrolado de crio por su padre o por su tío, le daba pavor la mar tempestuosa, y que había sufrido violentos mareos. Pero que había que obedecer, como obedece el barco a la mano que lo gobierna. A la larga ese miedo se volvía audacia, y el corazón se curte. Este importante trabajo no se consigue en un día, como tampoco la viril firmeza de esos rostros. La mar ha limado esas caras de año en año, de padre a hijo, igual que ha pulido las rocas de la orilla. Y esa mar que con frecuencia nos mata, nos da también lo más noble que tenemos: el firme valor, el alma atenta, la paciencia, el reflejo en los ojos de la muerte aceptada… y esa es su huella en nosotros.

Desde altas latitudes australes y capeando un fuerte temporal, dedico estas líneas a los dos marineros desaparecidos esta noche en un pesquero al sur del rio de la Plata (Argentina)

En la mar a 31 de Octubre del 20102

Mi vacuna



El gran placer de los viajes oceánicos es que, a diferencia de la navegación por un día, a medida que la tierra va quedando atrás, te vas liberando de las tormentas y preocupaciones que te golpeaban en tierra firme, de todas las cosas que deberías de haber llevado a cabo pero has dejado pendientes, de todos los residuos insignificantes y cuestiones superfluas, de tu existencia ordinaria, como si fuera una serpiente que se desprende de su piel seca. Te sientes desempolvado y vivo otra vez. No puedes solucionar ninguno de esos viejos problemas, esa es la pura verdad, por lo que los olvidas y te limitas a ocuparte de la navegación y la vida… porque hacer las cosas bien cuando surcas los mares en un barco es, sencillamente una cuestión de supervivencia.
Este prodigio que reduce a las personas a su esencia, se produce cada vez que dejas tierra. Y del mismo modo cuando finalmente la intuyes, te invade una morriña de la misma y misteriosamente, te sientes otra vez ansioso por pisarla y dispuesto a sumergirte de nuevo en ese atosigante lodazal de preocupaciones.

29-S

Siempre pensé que las huelgas generales servían de fermento para que se produjera entre nosotros la convulsión social oportuna de la que pudiera derivarse un nuevo orden en la relación de los ciudadanos con sus gobernantes, dando por extinguido un modelo en el que la eficacia de los políticos se demuestra secundaria respecto de su soberbia, su prepotencia y su despilfarro. Y que al mismo tiempo, esta fuera base de un estallido social que se llevara por delante una manera de hacer política en la que sus "profesionales" se sirven de las urnas para evitar que su merecido destino sea el furgón de la Policía o un banquillo en el juzgado.
Pero no, en este país de navaja y tortilla el derrocamiento de jerarcas atornillados a sus puestos solo pasa por papeletas cívicas que trastoquen su mundo de ganadores a perdedores, olvidando que perdedor no es el que sale derrotado de las urnas sino el que perdió la familia, el empleo, la salud y la esperanza.
Hago mías las palabras de Maese Reverte cuando se lamentaba profundamente que este país no hubiera parido un Joseph Guillotin. De haber sido así otro gallo nos hubiera cantado.

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