Cualquiera puede celebrar hoy en día el aniversario de lo que le salga del mascaron de proa, hay 365 días al año para ello. Aunque cada vez sean menos, pues la peña anda por ahí trastornada buscando un día libre al que endiñársela, y más en estos tiempos en que no pasa un solo día sin que uno esté viviendo el día internacional de una noble causa o lúdico evento. Y con esto no quiero que penséis que el que suscribe este hasta el escroto del día conmemorativo: del soldadito humanitario que te cagas, el reivindicativo de: ninguna portera sin sus zapatillas de felpa o el solidario con el político huérfano de escaño. Habrá quien celebre con entusiasmo cualquier aniversario de estos y también habrá quien se los pasara directamente por la quilla. Cualquiera de las dos posturas es respetable según le amure a uno más o menos el viento.
Todo este rollo viene a cuento de la celebración del “día de los enamorados” y de una sobremesa de barco que tuve el otro día. Como siempre, tuve que escuchar el típico discurso de: que si estás enamorado San Valentín hay que celebrarlo a diario, que si yo para acordarme de Santa Barbará no necesito que llueva, etc. Y como siempre, mi contestación: que tendrán que ver las churras con las merinas.
Estoy totalmente de acuerdo con esas apreciaciones, y de que no es cuestión que cada 14 de febrero los enamorados se animen a decirse todas las mentiras piadosas o verdades inflamadas de pasión que sus corazones desean, o sus hormonas reclamen, que eso es labor del día a día. Pero puestos a celebrar gilipolleces como dije al principio, me gusta más y creo que a ella también, celebrar el día del amor. Y no el del amor fraterno, ni happy flower. Sino el día del amor entre dos, el romántico, el pasional y el hormonal. Me gusta recordarle y celebrar una vez al año, que sigo viviendo en esa glauca atmósfera azul desde aquella noche en la que su boca dio carpetazo a mis ojos. Y me gusta suscribirle con un regalo, una frase o un detalle, que ella es para mí la reina de mi universo al tiempo que se hizo entera dueña de ese corazón marinero que en su día supo conquistar. Y que a pesar de que a veces, y justamente en ese día nos separen miles de kilómetros o millas náuticas, quiero que sienta ese latir junto al suyo y sobre todo, ese… “no dejo de pensar en ti ni un solo instante” y menos en un día como hoy.
Creo que es bueno celebrar año a año, que aquello que empezó siendo una pasión no se deje convertir en un hábito hasta que el tiempo lo convierta en simple paternalismo. Todos sabemos que el transcurso de los años hace que el amor sea propenso a la fraternidad. Y al menos celebrando este día con el corazón, celebras también que en caso de que transcurrido el tiempo y si un día llegaras a engañar a tu churri o legitima con otra chica, este sea, por dios, un adulterio. Porque lo verdaderamente terrible en una pareja es que al cabo del tiempo, acostarte con ella puedas considerarlo un incesto.
Así que cada cual que se lama su ciruelo. Y como dije al principio, celebre lo que le salga del mascaron de proa. Yo seguiré celebrando este día, y de momento, te regalo “además de”… esa Samba para ti, -que uno es un romanticon muy clásico-.






