Parece mentira que después de tanta muerte absurda, -pues está demostrado que de cada cinco vidas que se pierden en la mar solamente una pertenece a un profesional de la misma-, no hubiéramos aprendido ya a estas alturas que con la mar solamente se juega cuando ella quiere. Y que cuando nos muestra sus afilados y despiadados colmillos lo mejor y más prudente es una retirada a tiempo antes de que te de ajo.
Si, ya sé que es muy alucinante, muy romántico y todo eso, el ir a ver como rompen las olas en una escollera, un acantilado o una playa. Al igual que escabullirse sobre las olas con todo el trapo desplegado y con vientos de 30 nudos para luego contárselo a los colegas de gorra blanca y cordón dorado, mientras se toma la caña en el club náutico apoyado en la barra, y en ruda postura varonil en sintonía con su ignorancia contumaz. Pero todo eso es muy bonito cuando sabes de verdad lo que tienes en las manos y “crees” que lo tienes casi todo controlado, (y ni por esas).
Es sobre todo; una buena previsión y la prudencia veterana lo que te saca de esos marrones la mayoría de las veces. Y parece mentira que pasen estas cosas hoy en día con los avances tecnológicos que hay, con los cuales puedes observar los pronósticos con una antelación de cuatro o cinco días, tal y como se pudo ver con este frente que entro en la península producto de esa borrasca atlántica de 979 milibares centrada al norte de Irlanda; que atrás quedaron ya aquellos tiempos de nuestros ágüelos en los que había que tirar de refranero para evitar que el reparto de hostias te pillara por el tercio, (Con levante claro y poniente oscuro, temporal seguro). O como esa otra que hasta un tonto del higo puede ver y que hará su entrada por el noroeste de la piel de toro entre el mediodía y la noche del próximo viernes, con sus 976 milibares de mala hostia y que probablemente nos dejara un regalito en forma de vientos del noroeste en Galicia y en el Cantábrico, los cuales podrán llegar a alcanzar incluso los 50 nudos.
El caso es que además de perderse las vidas de estos imprudentes, se están arriesgando las vidas de otros que no lo son tanto; como pudieron ser en este caso, la de los dos jóvenes héroes que ayer y a pesar de que las cosas no estaba para muchas chirigotas, no dudaron un instante en intentar salvar la vida de la mujer. O como las de los muchachos de Salvamento Marítimo que finalmente fueron los que tuvieron que sacar del agua a la mujer y a los dos jóvenes. Si ya sé que estos marinos están entrenados y preparados para lo peor. ¡Pero coño!, démosles trabajo por otras causas, no por impremeditaciones absurdamente temerarias.
En referencia a “algunos” patrones de estos, de barquitos de recreo, me hago risa encima, sobre todo mentando a esos que usan como fuente de documentación náutica la revista de turno mensual en la que la motora de portada corta el mar azul, mientras la pava que la timonea saluda a la cámara mostrando vigorosos pectorales. O esos otros como aquel que vi el otro día en la tele, y que era un conocido actor confesándole a la torda que lo entrevistaba, -que se estaba sacando el “carnet” de barco….




