Mujer de mar II





Sito era hombre de mar, aunque no le viniera de familia. Nació a orillas de el y su vida transcurrió siempre a su vera. Los barcos habían sido su pasión desde su mas tierna infancia. Recordaba a su padre trabajando en el astillero y recordaba sus explicaciones de cómo se debía de hacer un buen barco, un barco duro y resistente, un barco trabajador y protector, Nunca olvido esas lecciones que con enorme interés infantil escuchaba de boca de su querido progenitor, mientras lo veía lavarse en el viejo lavadero de piedra salpicándose con aquella agua fresca. Esa era otra de las cosas que le quedaron grabadas de el: el como se debe de lavar un hombre sin miedo a mojarse, haciendo que el agua clara además de limpiarte, te refresque el rostro y el alma. Y sito creció haciéndose un hombre introvertido, perdido en sueños de mar, leyendo todo lo que tuviera que ver con esa mar que tanto amaba, soñando en navegar y cabalgar sobre grandes olas blancas y mecerse sobre suaves ventolinas azules.
Hasta que un buen dia y siendo aun muy joven, decidió poner fin a su tediosa vida en tierra y buscar sus sueños enrolándose en un navío mercante, un navío que lo llevaría mas allá de ese horizonte azul, tal y como hicieron los héroes de su infancia. La tarde de su partida...un húmedo y lluvioso dia de otoño, sintió por primera vez en su corazón una de las muchas punzadas de dolor que esa amante poderosa le ofrecería a lo largo de su vida. La visión de su madre en ese muelle gris llorando desconsoladamente, viendo como su pequeño se alejaba a bordo de aquel gigante acerado, hacia que en el también se asomaran lagrimas de niño, lagrimas de hombrecito inmaduro. Pero que, recordando a los protagonistas de sus libros supo mantener a raya, aunque su pequeña alma se desgarrara en su interior. Los años siguientes a esa primera tarde, fueron años intensos para el, conoció países, culturas y gentes diferentes, se perdió en medio del gentío de zocos tunecinos, refresco su cuerpo en limpias aguas caribeñas, se meo de risa con sus compañeros mientras se escondían tras un contenedor de la policía portuaria en Valencia, después de haber destrozado la cantina de dicho puerto, en una “limpia” pelea nocturna con unos marinos alemanes, durmió al sereno en la calida noche Argelina contemplando las estrellas, regateo objetos en la colorida Costa de marfil, vivió peligrosas noches en burdeles Turcos. Sintió el amor en cada puerto, o eso a el le parecía, ya que a cualquier chica que conocía le iba declarando su amor eterno, por lo menos hasta el próximo puerto...o por lo menos hasta la próxima chica. Poco a poco fue curtiendo su cuerpo y su alma, y sin el darse apenas cuenta, aquel niño soñador fue dando paso a un joven duro y bragado, conocedor de su profesión pero que aun seguía manteniendo ese soñador espíritu de aventura y ese eterno amor por una mar que lo hacia sentirse vivo a cada minuto. Una mar a veces ingrata, muchas veces dura, pero las mas...dulce y seductora.
Muchos atardeceres apoyado sobre la regala de la balaustrada, le decía en un suave murmullo: -nunca una mujer conseguirá que la ame tanto como a ti, nunca una mujer tendrá tu belleza y nunca una mujer sabrá seducirme como tu lo hiciste-...No sabia cuan equivocado estaba mientras fluían esos pensamientos a través de las mareas de su mente, pues en uno de esos viajes de vuelta a casa...apareció ella.
Uxia se llamaba, y su belleza superaba en creces a esa mar, en sus ojos negros aprendió a ver las profundidades del alma, en su suave voz encontró el mismo efecto tranquilizador que encontraba en el murmullo de las olas, y el tacto de su piel no tenia ni comparación con el mas calido de los atardeceres tropicales, ni con la mas suave de las brisas del sudoeste. Esa mujer a la cual en un principio prometió amor eterno “hasta el próximo puerto”, se fue convirtiendo en su amor eterno de verdad. Desde el momento que la conoció sus días de mar pasaron a tener cuarenta y ocho horas. Eran inacabables esos seis meses de largas singladuras que estaba sin ella, con lo que decidió finalizar su andadura mercante y enrolarse en un pequeño pesquero...Y así, sin renunciar a un amor, sentiría el otro mas a menudo en su piel. Su vida fue transcurriendo feliz, -¿Que mas puedo desear?-, se decía...-Tengo el mar, la tengo a ella y tengo mi libertad-. No creía que hubiera algo que lo haría sentir mas dichoso...Y lo hubo!...Fue una buena mañana, mientras atravesaba el umbral de la cocina, ella y su enorme sonrisa, le comunicaban que iba a tener un hijo...-Dios mio-, de repente el centro del universo se concentro en aquella cocina. Si...Se podia ser mas feliz...comprendió...!mucho mas feliz!. A partir de aquel momento, la mar adquirió otro tinte en su mente, otra perspectiva, dejo de ser su amante exclusivamente, para convertirse también en su medio de vida. Necesitaba cumplir las promesas que le hacia a aquella mujer y a su futuro hijo cada vez que llegaba a puerto, aquellas promesas y planes de futuro que se hacían después de largas horas de amor. Dejo de navegar en aguas tranquilas para navegar en otras mas furiosas y retadoras, pero que le aportaban mejoras en la economía de aquella pequeña familia que estaba formando, mejorando asi la calidad de vida a los suyos. No le importaba, le hacia feliz el pensar que tanto a ella como a sus pequeños nada les faltaba. La fatiga se tornaba en fuerza, las largas y frías noches aguantando malos tiempos al pie de la maniobra, se le hacían calidas solo con pensar en ella. La recordaba tras la ventana, contemplando la mar absorta en aquella línea que separaba los azules. Le encantaba esa visión de su amada, varias veces la había encontrado así, contemplando ese lejano horizonte. Y nunca se atrevió a romper esos momentos de intimidad, ni tan siquiera a preguntarle en que pensaba, pues le traía recuerdos de si mismo, de su niñez y de sus silencios.

Aquel día había amanecido frío y gris, una ligera marejada del sudoeste no se correspondía con el color acerado de poniente, presagio de...como dice el refrán: A levante claro y poniente oscuro...temporal seguro. La pesca estaba siendo realmente buena aquel día, tónica habitual en aquella marea. Si seguían con ese ritmo, tres días mas y se marcharían para casa. Imaginaba la sorpresa que se llevaría ella al verlo llegar, pues no lo esperaba, al menos hasta dentro de veinte días. Rió para sus adentros mientras abría las vísceras de un enorme ejemplar de pez espada...hacia dos días que había hablado con ella y no le había dicho nada cuando le pregunto que si tardarían mucho en regresar.
-Como siempre-, le dijo –Ya sabes, al final los meses hay que cumplirlos, como las condenas-.
–Bueno-, contesto ella –Habrá que tener paciencia-. Sito tenia pensado darle una sorpresa, su idea era aparecerle de improviso en casa, quería ver su rostro asombrado y alegre.
Un súbito balance le hizo trastabillar y le obligo a agarrase a una escotilla, -Parece que esta cogiendo mal color esto- se dijo. Dejo la faena por un instante y salio a cubierta, un fuerte chubasco estaba cayendo en ese momento, la mar se encontraba adormecida por la cantidad de agua dulce que le estaba cayendo encima. Mientras la contemplaba oyó decir al patrón a través de la megafonía:
-Vamos muchachos, apurad un poco las maniobras, que tenemos un jodido miura por la proa-.
-Va a ser mejor que vayamos amarrando todo- le dijo Sito a su compañero de fatigas. Conocía a su patrón y sabia que no era hombre de exagerar, ni de arengar a sus hombres con engaños. Si el decía que algo malo venia...!Es que venia!.
Y lo anunciado no tardo mucho en llegar...Al mediodía los cielos seguían grises pero no llovía, la mar se empezaba a llenar de blancos borreguitos de espuma en su superficie, rolando los vientos al noroeste y arreciando. Haciendo que el barco navegara atravesado a la mar mientras metían a bordo los aparejos, situación peligrosa esta si el viento seguía aumentando en su intensidad. Un fuerte balance les tiro todo el pescado que tenían estibado a estribor a la banda contraria, haciendo así que el barco tumbara mas a sotavento, agudizando de esa manera la escora producida por el viento. Decidió junto con su compañero, bajar aquel pescado a la bodega para que no sufriera daños en cubierta, labor que les llevo cerca de media hora. Cuando subieron de nuevo las condiciones de mar y viento habían empeorado muchísimo. La mar rugía brava ya, y grandes olas se abalanzaban amenazantes una tras otra sobre el barco. Lo prudente habría sido dejar los artes en el agua, y poner el barco a la capa, pero tan solo les quedaba una hora de trabajo para tener todo a bordo y así capear con mas tranquilidad.
Y efectivamente...esa fue la decisión de su patrón, un ultimo esfuerzo y todo acabaría por hoy.
Pero llego un momento en que se hacia prácticamente imposible laborar el pescado que iba entrando, fuertes cucharadas de mar embarcaban a bordo cada vez que el barco escoraba a barlovento, haciendo que todo anduviera al garete sobre cubierta e imposibilitando las tareas...o trabajabas, o te agarrabas. Viendo el cariz que estaba tomando el asunto, Sito decidió cerrar la escotilla que comunicaba el parque de pesca con el resto de la habitabilidad del buque... Y en esas estaba cuando de repente...un terrible golpe sacudió el barco de proa a popa, y de babor a estribor, haciéndolo temblar. Era como si un enorme mercante los hubiera embestido salvajemente y ahora los arrastrara de costado, tumbándolos violentamente en una escora sin fin. Sito tubo que soltar la escotilla, e inmediatamente se vio catapultado contra el mamparo de babor, un mamparo que inexplicablemente ahora le servia de suelo. La señal de alarma corrió por sus neuronas, haciéndole comprender al instante que aquello era algo mas que un fuerte bandazo...!Dios mío, el barco estaba dando la vuelta!...el pánico en la cara de su compañero se lo confirmo. El volteo se estaba completando rápidamente, lo que antes era cubierta...era techo ahora. Intento orientarse y buscar una salida, pero todo era confusión y nervios en su cerebro...la adrenalina golpeaba rítmicamente sus sienes. Hasta que...y sin previo aviso, una enorme catarata de agua helada entro por el portalon inundándolo todo, asfixiándolo todo, ahogándolo todo. Sus ojos buscaban a su compañero en medio de aquella caótica locura de boyas, aparejos, pescado y espuma. Solo había espuma a su alrededor, una espuma fría y mortal que lo envolvía totalmente. Instintivamente cerro su boca y aguanto el aire, y con dificultad se fue moviendo entre el caos buscando la vida. A solamente dos escasos metros tenia el portalon del parque de pesca...tenia que llegar, tenia que salir de allí...¡tenia que respirar!. Y lo hizo, saliendo a la superficie como una boya, sacando medio cuerpo fuera en el esfuerzo. Y abriendo desesperadamente la boca...respiro...insuflo aire en sus pulmones, volvió a llenar de vida su cuerpo. Durante un intervalo de tiempo que le pareció interminable, solo hizo eso..respirar... respirar. Y esa respiración lo fue tranquilizando, y esa tranquilidad a su vez le fue devolviendo al escenario del drama que estaba viviendo. Miro a su alrededor, ¡no miraba el barco!, ¿Dónde estaba el barco?, ¿Dónde estaban sus compañeros?, ¿Dónde estaba el?. ¿Porque aquello que tanto amaba quería quitarle la vida así...de esa manera, en medio de esa terrorífica soledad azul y blanca?. Cientos de estupidas preguntas pasaron rápidamente por su mente, a la vez que cientos de estupidas respuestas intentaban consolarle baldiamente.
-Tengo que vivir, tengo que sobrevivir-, -Ella me espera, ellos me esperan-, se repetía una y otra vez, como si esas palabras ejercieran de salvavidas en medio de esa mar tenebrosa, como si esas palabras calentaran sus miembros que empezaban ya a entumecerse. Y recordó la noche anterior, cuando acompañando en la guardia nocturna al patrón, miro el termómetro de mar ...doce grados...¿Cuanto resistiría sumergido en un agua de doce grados...veinte, treinta minutos quizás?. No lo sabia, pero si sabia que no era mucho y que cuanto mas quieto estuviera, antes llegaría la vieja dama de la guadaña. Y nado, sin rumbo, pero nado. Y mientras lo hacia pensaba en ella, y la volvía a mirar sentada tras su ventana contemplando la mar, serena y absorta...Y la llamo...grito su nombre en aquel frío y negro atardecer, sin esperanza que ella lo oyera, pero aun así la llamo....¡Uxiaaaa!!
Después se rindió definitivamente, sus miembros estaban helados, todo esfuerzo era inútil ya... y así lo asumió. El silencio lo fue rodeando, ya no sentía frío, y una calida paz invadió su alma, se sintió ingrávido mientras la luz se iba quedando allá arriba, cada vez mas difusa, cada vez mas lejana. Y contemplándola por ultima vez, su pecho soltó un desgarrador ¡Te quiero!, soltando también con el, su ultimo aliento de vida.

Y cerrando los ojos, se abrazo a su amante, en un abrazo eterno e infinito.



Fredo
Publicado en Sextante el 9 de Junio del 2007

Raices de mar

Aprovechando la semana del libro, hoy me gustaría explicarle a vuesas mercedes cuales son en parte las raíces de mi amor al mar...Alguno pensara que viene de casta, equivocándose al ciento, ¡Pardiez que no! Mi amor por la mar viene dado, por las mil y una vidas que tuve a lo largo de mi periplo mortal. Todo empezó un lejano día cuando conocí al terrible Long John Silver,que sentado al pie de mi cama con su viejo loro al hombro, me confiaba el mapa de la Isla del tesoro, al tiempo que rascando su ya desgastada pata de palo me hacia jurar bajo pena de vida que mis labios quedarían sellados y que no confiaría a nadie tal secreto. Después de Jack el largo y navegando hacia Guinea naufrague junto con el ilustre Crusoe en una isla desierta, allí conocí a Viernes y juntos aprendimos a sobrevivir de los frutos de la tierra y la mar, amándola un poco mas si cabe. También navegue eternas singladuras de muerte a bordo del Holandés errante escuchando aquellas tenebrosas palabras de... «¡Cuando todos los muertos resuciten, entonces yo me desvaneceré en la Nada!...Eterna aniquilación, acéptame contigo.». Recorrí Veinte mil leguas de viaje submarino a bordo del Nautilus junto al capitán Nemo y el arponero Ned Land admirando la belleza de los fondos oceánicos y de los animales que los habitan. Incluso trate de disuadir sobre la cubierta del Pequod, en medio de un fuerte temporal atravesando el cabo de Hornos, al capitán Ahab, para que desistiera de su absurda y obstinada persecución a la ballena blanca Moby Dick .
Surque los siete mares y me las tuve que ver cara a cara con el corsario Drake y John Hawkins en el estuario de Lisboa, comandando mi primera galera frente a los navíos de guerra del perro ingles. Herido y maltrecho arribe en Laredo a bordo del Trinidad Valencera después detener que picar cables, y con el mastelero roto navegar a rumbo de sur en franca retirada, dejando atrás los restos de una Armada Invencible, que por lo visto no era tal. Contemple atónito como Horacio Nelson sobre la toldilla de popa del Victory aniquilaba la escuadra franco-española en Trafalgar, gracias a la cobardía y traición de los franceses. Y también participe junto con mi amigo Fletcher Christian en el motín de La Bounty, acabando asi con la tiranía del capitán Bligh, volviendo yo mas tarde a puerto y dejándolos felices y comiendo perdices en la Isla Pitcair. Como podrán comprobar vuesas mercedes, un sinfín de aventuras juveniles que aun perduran hoy en dia gracias a hombres como el brigadier Gigante y su amigo Pecas con los cuales aprendo a marinar un navío de guerra del porte del Santísima Trinidad, o como mi querido amigo el Capitán Alatriste, con el que sigo repartiendo mandobles a la diestra y a la siniestra agarrados al estay de gavia, cada vez que nos encontramos frente por frente con el turco. Corsarios, piratas, bucaneros, capitanes de navío, arponeros, náufragos, sicarios y un sinfín de hombres de mar, llenaron la mente de este que suscribe para lo que acontecería después, y a lo largo de su vida; formándolo como marinero mucho antes de que pisara la cubierta de un barco por primera vez. Se que la vida real nada o poco tienen que ver con los libros de aventuras, pero en mi caso me ayudaron a ver la mar con otros ojos. Y a pesar de los 25 años que tengo encima amadrinando vientos, sigo viendo la mar con ojos soñadores, con esos mismos que tenia el jovencito Jim cuando embarco por primera vez junto a Jhon Silver el Largo en la búsqueda del tesoro. Y ahora me pregunto...¿Con que mirada miraran nuestros hijos el mundo cuando sean adultos?. Porque ellos...al menos la mayoría no leyeron un libro de estos en su vida...(de estos o ninguno). Las videoconsolas sustituyeron esta forma de diversión juvenil, el capitán Ahab fue jubilado y a cambio colocaron en su puesto a Sam, un mercenario musculoso que lleva a cuestas 90 kilos de metralla, incluidas armas biológicas y cuya única misión es no dejar títere con cabeza, sea humana o alienígena. El surcar los siete mares a bordo de un bergantín ya no se lleva. Ahora lo que se lleva es hacer el vándalo por el medio de una ciudad virtual a bordo de un coche o moto con cientos de caballos y cargándote todo transeúnte, policía o vieja que se te cruce en el camino. Personalmente no tengo nada en contra de estas nuevas formas de diversión juveniles (no vaya a ser que se les ocurra a mis hijos pasarme por la quilla, o darme cañon como mandan las ordenanzas), pero pienso que pueden ser compatibles ambas, y que nuestro deber como padres y educadores es inculcarles ese amor por un buen libro, ayudándoles asi a que sus mentes no se aletarguen, que no les den todo hecho, que imaginen, que sueñen, que naveguen por los siete mares y que crezcan ayudados por la personalidad de otros hombres. ¡Que lean coño...que lean!

Fredo

Publicado en Sextante el 4 de Mayo del 2007

La Muda

Como siempre hago cada noche una vez acabadas las faenas de pesca, cuando la tripulación descansa, el trabajo esta terminado y nada hay pendiente de hacer por ahí. Apago las luces del puente, pongo un poco de música y con mi café y mi cigarro dejo que mis pensamientos me lleven allá donde ellos quieran ir. Es mi mejor momento del día como ya escribí en alguna ocasión, los recuerdos se me hacen más nítidos y las reflexiones mas profundas. Ayer puse el CD “Grandes” de los mexicanos Mana y al tiempo que disfrutaba con el tema “El muelle de San Blas” mis pensamientos volaron hacia un personaje muy conocido y entrañable entre aquellos que navegamos en medio de esa marea humana que pulula por las entrañas de los tinglados portuarios. Una marea humana llena de personajes variopintos que hacen de los puertos su lugar de trabajo...marineros, guardianes, armadores, vendedores, escabicheros, pescantinas, guardia civiles, mecánicos, cantineros e incluso raterillos...todos ellos forman ese amplio abanico de fauna portuaria.Además de estos, hay otros personajes silenciosos que no ejercen ningún trabajo ni labor social, pero que forman parte de esa fotografía, que por lo que escucho en esa canción de Mana, se repiten y clonan en otros muelles y puertos del mundo.Son ciudadanos que por diferentes circunstancias, se alejaron del sistema o no fueron capaces de integrarse en el. Personajes la mayor parte de las veces ricos en historias y experiencias, pero olvidados por una sociedad tremendamente egoísta e hipócrita que cree lavar su conciencia depositando unas monedas en esa mano temblorosa que las solicita, o dejándolas en el cepillo de la iglesia los domingos creyendo absurdamente que iran a parar a las hermanitas de la caridad y de allí aquien mas lo necesite.O sea; esos personajes silenciosos que ahora llamamos indigentes, pues al llamarlos por su verdadero nombre: pobres, mendigos o vagabundos, parece que nos remueve mas la conciencia y eso no nos gusta.Uno de esos ciudadanos que desde hace muchos años me encuentro en mis madrugadas de descarga es “La Muda”, omito el porque de ese apodo...creo que es obvio. La muda es una mujer de la cual se desconoce su edad y su verdadera historia. Una mujer delgada, con unos preciosos ojos claros de triste mirar, una mujer ajada por una vida que debió de ser terriblemente dura y que fue dejando marcadas en su piel una a una las frías madrugadas del puerto. Su labor es pedir...pero hasta en el pedir hay que tener dignidad, y ella la tiene. Ella se acerca y te observa mientras descargas, -lógicamente- sin decir nada, y tu le dices -¿Queresun peixe muda?- a lo cual ella asienta con la cabeza, se lo das, lo coge, y después de agradecértelo con una leve inclinación de la misma,se va. Nada más. No estorba, no da la lata, no insiste; a diferencia de otros personajes que si lo hacen, si dan la lata, si estorban y...si“exigen”, como pueden ser: carabineros, guardamuelles, guardiasportuarios y demás aves carroñeras que acechan las descargas y a los cuales les importa un carajo el sufrimiento o trabajo que ese pescado,cartón de tabaco o botella de güisqui suponga para el marinero. Pero volviendo al hilo del relato, y el porque la canción de Mana me hizo pensar en esta mujer...Es su historia. Una historia que como todas las que circulan por el puerto, no se sabe cuanto tienen de historia y cuanto de realidad. Se cuentan dos versiones sobre su vida...la una es la de una antigua prostituta, versión que no me cuadra con la dulce tristeza de sus ojos.Y la otra es la historia de un amor, o mejor dicho...un desamor. Es la historia de un corazón roto, de una triste madrugada de despedida empapada en llanto como dice la canción, de interminables esperas a un hombre que jamás volvería, que se alejo para siempre de su vida tras la difusa luz verde del faro que señala la entrada al puerto. Una historia de una vida de soledad que tan acertadamente resume en una única palabrala letra de Mana: “SOLA”.Yo no se si será cierta o no, pero... a mi personalmente, -tal vez, por mi puntillo romántico-, me gusta creer e imaginar que así fue. Aquel que se te ha ido “Muda”no volverá, pero los que si volverán como las mareas son esos otros hombres que te respetan, aprecian y ayudan. Hombres que te ganaste con silencios y con miradas tristes. Hasta que al final, un mal día...seas tu la que ya no vuelva, haciendo si cabe, un poco mas frías esas madrugadas de descarga. Y entonces...espero que alguno de esos hombres se acuerde de ti, y te lleve allí donde estés, una rosa de amor marinero. Una rosa que esperaste durante tantos y tantos amaneceres...y que nunca, llego.

Fredo

Publicado en Sextante el 16 de Febrero del 2007

No da para mas... II



En la literatura o en la palabra escrita que aparentemente es lo mismo, suele pasar que la pluma si no tiene la suficiente habilidad para plasmar en el lienzo el color que se quiere transmitir, este se convierte a infinitos matices e interpretaciones, ya de por si ambiguos en la paleta de aquel que escribe. De ahí su magia a veces, y sus errores de interpretación las mas…. Y por lo que se ve este es mi caso.
Estoy recibiendo montones de mails de buenos amigos, preocupados por lo que parece ser, se interpreto en mi última entrada como un acabose o falta de inspiración para seguir escribiendo en este cuaderno de Bitácora.
Y me gustaría aclararos que no es así. Sigo escribiendo, no tan a menudo como antes, debido al nuevo compañero de atardeceres y preocupaciones que me absorbe todo el tiempo… y más; pero sigo escribiendo. Y como conté en esa última entrada cada uno tiene su método y su cilicio para esto de estilizar la mancha de tinta sobre el papel.
El mío como dije, pescador de mente y manos hechas de salitre, viento y trabajo duro, es escribir muchas y variopintas notas en otros tantos soportes, la mayoría de las cuales se pierden o en el mejor de los casos pasan a formar parte de esta abultada carpeta de borradores que se oculta en lo mas profundo del cajón de mi cuarto de derrota, hasta el día que peleen por salir y se hilen formando un pequeño conjunto de pensamientos que se me antoje conozcan los demás.
En ese ultimo escrito solamente quise reflejar las sensaciones que este viejo marino siente de cuando en vez frente a la pantalla de plasma, ese vacío para hilar palabras, que no pensamientos. Pues para mí lo difícil y arduo en el encaje de la escritura es crear la retórica o metáfora precisa que sitúe a quien lee en ese cuadro que esbozo y que refleja en ocasiones mi sentir, o mi recuerdo. Y no se trata de escribir un párrafo complejo, pues salvando las naturales excepciones, es probable que la mayoría de las veces estos se refieran a un texto mal escrito. Es como cuando calificamos de profundo un pensamiento que no pasa de ser confuso. La prepotencia literaria de aquellos que leen mucho suele ser muy propensa a descalificar textos sólo porque estos resultan accesibles a cualquiera, aunque también son abundantes aquellas personas que eligen lecturas de difícil comprensión porque creen que una biblioteca de obras ininteligibles favorece su prestigio y ego intelectual. Si he de ser sincero, personalmente nunca leo una novela en la que el final de un párrafo me deje la misma sensación de incertidumbre que si preparase una travesía al atlántico central con una carta del Mediterráneo. Mis exigencias literarias son fáciles de satisfacer. En realidad a una novela sólo le pido que el primer párrafo no acabe en la página veinte, que los personajes femeninos no tengan las tetas como las mias y que su lectura me deje al final la sensación casi alimenticia de haberme tragado algo cuyo placer no se pueda sustituir con cien gramos de embutido
No soporto leer novelas supuestamente complejas e intelectuales desde que me di cuenta de que cada vez que abría un libro de Savater o Maria Zambrano, me acordaba de dar de comer a mis perras o de cortar el césped.
Me decía una amiga en uno de estos correos, si había cambiado el placer de escribir por el de la lectura en exclusiva. Y no es exactamente eso; pero supongo que coincidiréis conmigo que una vez que se accede a este mundo de los spaces y blogs personales. Es mucho mas placentero que el teclear insomne, disfrutar con los mordientes e irreverentes textos de “Tío fétido”, las palabras escritas con carmín y lápiz de ojos de “Josune”, soñar despierto entre la música, la imagen y los versos de “Lluna”, volver a ser un niño con los cuentos de “Princesa”, reflexionar con las escogidas y hermosas líneas de “Morgane”, navegar febril con los enlaces de “Fénix, o sentarme a leer bellos relatos de vida tras la barra del bar, entre sorbos de un leche y leche con "Amelia"… por citar algunas de las buenas plumas amadrinadas a este blog (pues hay muchas mas…Evi, J.J, Tesa, Marina, Kaktus, Holliday…), los cuales, de puntillas a veces o como elefantes en una cacharrería otras, suelen entrar asiduamente a hurgar entre las hojas del cuaderno de Bitácora de este viejo pescador.
Gracias a todos, y por aqui sigo. Un saludiño desde esta hermosa tierra celta que en primavera...!Se sale!

Fredo
En Vigo a 20 de mayo del 2008

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