
Me siento en la bañera de popa pegado al timón. Y observo con los ojos amanecidos y sumergidos en esa legítima satisfacción de aquellos que se han ganado a pulso sus ojeras... allá al fondo, a través del tambucho, en la cabina de proa, esa mujer en cuyo cuerpo me envolví durante toda la noche, como aun sigue abrazáda a sus sueños
Una tenue presión en las ingles me mueve a bajar y seguir besando esa piel; pero esta vez en un interminable abrazo, uno de esos abrazos herméticos y desesperados, en los que apenas caben los protagonistas.
Sin embargo, el fresco amanecer me encandila de nuevo a seguir contemplando un cielo que por alguna extraña razón, hoy me parece aun mas limpio y nítido. Con una brisa surgida de un virazón procedente de la océano que me inyecta en vena directamente el purgante y penetrable olor de la bajamar.... todo eso hace que se zarandee mi testosterona marinera y que esa tensión aumente.
Cierro este cuaderno de Bitácora y apurando una última calada al cigarrillo bajo a la cabina de proa. Mientras lo hago veo sus ojos dormidos; y encuentro probablemente en ellos, el mejor destino que podía darle a una frase escrita en mi cuaderno... Entonces deseo volver a sumergirme en ella tal y como decía mi viejo amigo Ramón en su poema...
-… para revivirme, para volverme a ahogar-.