
Normalmente una película, una canción, un olor, o simplemente un sabor, son motivos más que suficientes para fondear en tu pecho esa hembra diezmada y lenta de la nostalgia. Eso es lo que provoco en mi hoy una desvestida y afligida tortilla de patatas... imágenes familiares que vinieron a recalar, arrancándome una desguarnecida sonrisa.
Estas navidades pasadas y a falta de casa materna donde fondear mis huesos decidí pasarlas junto a la regalada calidez de mi hermana mayor. Este vinculo familiar es la ostia!, Y aquellos hombres que hace tiempo tuvimos que enterrar los abrazos de quien nos dio la vida, y que más tarde perdimos nuestra pareja en el mismo lugar en el que llevábamos algún tiempo nosotros mismos extraviados. Aquellos que luego empezamos a escuchar de nuevo aquella vieja balada anhelando reencontrar la emoción de antes oyendo ahora la melodía en una versión distinta; Y que mientras, seguimos teniendo la gran suerte de topar siempre ese perdurable salvavidas al pie de la escollera en forma de hermana mayor, podemos considerarnos hombres afortunados entre los privilegiados.
El amor y el cariño de una hermana mayor es incombustible en el tiempo, es algo que perdura desde aquellos lejanos días en que se encargaba con sus manos enjabonadas que fueras bien repeinado a la escuela al tiempo que hacian pifiar la voz de tu rostro, o en los que, cuando había que poner a un matón de aula en su sitio era ella la que con los brazos en jarras no dudaba un solo instante en hacerlo, o que discutía hasta la extenuación que las pestañas de su hermanillo no eran capaces de encontrarse ni en los ojos de la mas afamada vedete.
A diferencia de tu madre o pareja, pasar unas vacaciones con ella tiene varios plus añadidos; y entre ellos: poder usar el mismo colegueo y comportamiento que tienes con tus amigos, a cambio de recibir los mismos cuidados que con las anteriores. Por no decir también, que te puedes ir a la cama y dormir desde el instante en que te metes en ella, a diferencia de... El caso es que esas vacaciones además de bien cuidado y mimado durante las mismas, y para no ser menos.. fue ella la que tuvo que poner la guinda al pastel. Y esta vino en el vuelo de vuelta a casa.
A mitad del vuelo, y mientras un sesentón casposo y su legitima devoraban con precipitada voracidad un reseco y carísimo sándwich de jamón y queso. Este que suscribe pidió una cerveza a la azafata y saco ceremoniosamente de su pequeña mochila un impresionante bocata de tortilla española esmeradamente envuelto en servilleta de papel y lamina de aluminio. Ni que decir tiene la manera en como inundo la cabina del avión aquel embriagador y esclavizado por el papel Albal olor a tortilla de patatas. Al momento y de manera instintiva a más de cuatro o cinco les goteaba el colmillo de forma canina y salvaje al tiempo que se les salían los ojos a la vista de aquella poderosa ostentación de rica gastronomía popular.
Y mientras yo comía a dos carrillos, las comisuras de mis labios no dejaban de dibujar una orgullosa sonrisa haciéndome sentir en aquel momento el pasajero mas envidiado de aquel avión. Y todo eso, gracias al desinteresado amor y cariño de una hermana mayor.
-Aunque como bien sabes, no soy muy dado a las lisonjas-, pero esto va por ti.
Te lo mereces tronca.