Un poco al carro de mi último post y dado que se otea ya San Valentín por la proa, he encontrado el regalo perfecto para las mujeres, novias o churris de los colegas de profesión. ¡Clone a Willy! Con este invento se acabaron por fin las interminables y austeras campañas de pesca en Las Malvinas, Canadá o Sudafrica. Por un módico precio, cuarenta y nueve leuros de nada, nuestras erizas pueden tener un clon perfecto del pene de su marino preferido. Siempre y cuando, eso sí, el original del susodicho sea digno merecedor de tal replica. En caso contrario, siempre podrán seguir usando el de su viejo amigo de instituto, antiguo novio, pizzero o repartidor de gaseosa al uso, como hasta ahora hicieron desde tiempos inmemorables.
Dicho kit de bricolaje peneano viene muy bien surtido, entre otras cosas trae un polvo especial para el modelado. Una silicona patentada (por sabe dios quien) con un suave y perfecto tacto a “piel liquida”. Un tubo de modelado y un tubo para moldear (que me expliquen la diferencia). Un termómetro (a mí esto me da un poco de yuyu, pues debe de ser para controlar bien la temperatura de la pasta en cuestión, no vaya a ser que nos pasemos y el original nos quede mayormente como un chorizo criollo pasado por el microondas). Por supuesto una unidad vibradora con sus correspondientes pilas “Duracell plus”que se incrustara dentro de la réplica –digo yo-, para comodidad posterior de las legitimas. Palito para remover el mejunje, y unas instrucciones en coreano muy fáciles de seguir.
Una de las características del kit que a mí me ha dejado más pensativo, es la de: “proceso divertido”. ¿Para quién?, me pregunto. Porque puñetera la gracia -que a mí al menos- me haría tener la piroliña recubierta de un liquido tipo caucho hirviente con una cánula en la punta -me imagino para no atascar el orificio meatorio-, no vaya a ser que por encima de desgraciarla para su uso más placentero, no podamos ni siquiera mear después, por obturación del desagüe. Ah! Y se me olvidaba. Para aquellas que les guste el loock dicharachero discotequero lo tenéis en fosforito, pues no hay nada mejor que una miembro viril bien iluminado. ¿A que si?
Pero bueno quitándole alguno de esos pequeños inconvenientes de montaje, yo creo que merece la pena el regalo. Al menos siempre será más barato que los papeles del divorcio, o en el peor de los casos seguir manteniendo con el esfuerzo pesquero unos pitones dignos de un miura de feria.


























