Mujer de mar II





Sito era hombre de mar, aunque no le viniera de familia. Nació a orillas de el y su vida transcurrió siempre a su vera. Los barcos habían sido su pasión desde su mas tierna infancia. Recordaba a su padre trabajando en el astillero y recordaba sus explicaciones de cómo se debía de hacer un buen barco, un barco duro y resistente, un barco trabajador y protector, Nunca olvido esas lecciones que con enorme interés infantil escuchaba de boca de su querido progenitor, mientras lo veía lavarse en el viejo lavadero de piedra salpicándose con aquella agua fresca. Esa era otra de las cosas que le quedaron grabadas de el: el como se debe de lavar un hombre sin miedo a mojarse, haciendo que el agua clara además de limpiarte, te refresque el rostro y el alma. Y sito creció haciéndose un hombre introvertido, perdido en sueños de mar, leyendo todo lo que tuviera que ver con esa mar que tanto amaba, soñando en navegar y cabalgar sobre grandes olas blancas y mecerse sobre suaves ventolinas azules.
Hasta que un buen dia y siendo aun muy joven, decidió poner fin a su tediosa vida en tierra y buscar sus sueños enrolándose en un navío mercante, un navío que lo llevaría mas allá de ese horizonte azul, tal y como hicieron los héroes de su infancia. La tarde de su partida...un húmedo y lluvioso dia de otoño, sintió por primera vez en su corazón una de las muchas punzadas de dolor que esa amante poderosa le ofrecería a lo largo de su vida. La visión de su madre en ese muelle gris llorando desconsoladamente, viendo como su pequeño se alejaba a bordo de aquel gigante acerado, hacia que en el también se asomaran lagrimas de niño, lagrimas de hombrecito inmaduro. Pero que, recordando a los protagonistas de sus libros supo mantener a raya, aunque su pequeña alma se desgarrara en su interior. Los años siguientes a esa primera tarde, fueron años intensos para el, conoció países, culturas y gentes diferentes, se perdió en medio del gentío de zocos tunecinos, refresco su cuerpo en limpias aguas caribeñas, se meo de risa con sus compañeros mientras se escondían tras un contenedor de la policía portuaria en Valencia, después de haber destrozado la cantina de dicho puerto, en una “limpia” pelea nocturna con unos marinos alemanes, durmió al sereno en la calida noche Argelina contemplando las estrellas, regateo objetos en la colorida Costa de marfil, vivió peligrosas noches en burdeles Turcos. Sintió el amor en cada puerto, o eso a el le parecía, ya que a cualquier chica que conocía le iba declarando su amor eterno, por lo menos hasta el próximo puerto...o por lo menos hasta la próxima chica. Poco a poco fue curtiendo su cuerpo y su alma, y sin el darse apenas cuenta, aquel niño soñador fue dando paso a un joven duro y bragado, conocedor de su profesión pero que aun seguía manteniendo ese soñador espíritu de aventura y ese eterno amor por una mar que lo hacia sentirse vivo a cada minuto. Una mar a veces ingrata, muchas veces dura, pero las mas...dulce y seductora.
Muchos atardeceres apoyado sobre la regala de la balaustrada, le decía en un suave murmullo: -nunca una mujer conseguirá que la ame tanto como a ti, nunca una mujer tendrá tu belleza y nunca una mujer sabrá seducirme como tu lo hiciste-...No sabia cuan equivocado estaba mientras fluían esos pensamientos a través de las mareas de su mente, pues en uno de esos viajes de vuelta a casa...apareció ella.
Uxia se llamaba, y su belleza superaba en creces a esa mar, en sus ojos negros aprendió a ver las profundidades del alma, en su suave voz encontró el mismo efecto tranquilizador que encontraba en el murmullo de las olas, y el tacto de su piel no tenia ni comparación con el mas calido de los atardeceres tropicales, ni con la mas suave de las brisas del sudoeste. Esa mujer a la cual en un principio prometió amor eterno “hasta el próximo puerto”, se fue convirtiendo en su amor eterno de verdad. Desde el momento que la conoció sus días de mar pasaron a tener cuarenta y ocho horas. Eran inacabables esos seis meses de largas singladuras que estaba sin ella, con lo que decidió finalizar su andadura mercante y enrolarse en un pequeño pesquero...Y así, sin renunciar a un amor, sentiría el otro mas a menudo en su piel. Su vida fue transcurriendo feliz, -¿Que mas puedo desear?-, se decía...-Tengo el mar, la tengo a ella y tengo mi libertad-. No creía que hubiera algo que lo haría sentir mas dichoso...Y lo hubo!...Fue una buena mañana, mientras atravesaba el umbral de la cocina, ella y su enorme sonrisa, le comunicaban que iba a tener un hijo...-Dios mio-, de repente el centro del universo se concentro en aquella cocina. Si...Se podia ser mas feliz...comprendió...!mucho mas feliz!. A partir de aquel momento, la mar adquirió otro tinte en su mente, otra perspectiva, dejo de ser su amante exclusivamente, para convertirse también en su medio de vida. Necesitaba cumplir las promesas que le hacia a aquella mujer y a su futuro hijo cada vez que llegaba a puerto, aquellas promesas y planes de futuro que se hacían después de largas horas de amor. Dejo de navegar en aguas tranquilas para navegar en otras mas furiosas y retadoras, pero que le aportaban mejoras en la economía de aquella pequeña familia que estaba formando, mejorando asi la calidad de vida a los suyos. No le importaba, le hacia feliz el pensar que tanto a ella como a sus pequeños nada les faltaba. La fatiga se tornaba en fuerza, las largas y frías noches aguantando malos tiempos al pie de la maniobra, se le hacían calidas solo con pensar en ella. La recordaba tras la ventana, contemplando la mar absorta en aquella línea que separaba los azules. Le encantaba esa visión de su amada, varias veces la había encontrado así, contemplando ese lejano horizonte. Y nunca se atrevió a romper esos momentos de intimidad, ni tan siquiera a preguntarle en que pensaba, pues le traía recuerdos de si mismo, de su niñez y de sus silencios.

Aquel día había amanecido frío y gris, una ligera marejada del sudoeste no se correspondía con el color acerado de poniente, presagio de...como dice el refrán: A levante claro y poniente oscuro...temporal seguro. La pesca estaba siendo realmente buena aquel día, tónica habitual en aquella marea. Si seguían con ese ritmo, tres días mas y se marcharían para casa. Imaginaba la sorpresa que se llevaría ella al verlo llegar, pues no lo esperaba, al menos hasta dentro de veinte días. Rió para sus adentros mientras abría las vísceras de un enorme ejemplar de pez espada...hacia dos días que había hablado con ella y no le había dicho nada cuando le pregunto que si tardarían mucho en regresar.
-Como siempre-, le dijo –Ya sabes, al final los meses hay que cumplirlos, como las condenas-.
–Bueno-, contesto ella –Habrá que tener paciencia-. Sito tenia pensado darle una sorpresa, su idea era aparecerle de improviso en casa, quería ver su rostro asombrado y alegre.
Un súbito balance le hizo trastabillar y le obligo a agarrase a una escotilla, -Parece que esta cogiendo mal color esto- se dijo. Dejo la faena por un instante y salio a cubierta, un fuerte chubasco estaba cayendo en ese momento, la mar se encontraba adormecida por la cantidad de agua dulce que le estaba cayendo encima. Mientras la contemplaba oyó decir al patrón a través de la megafonía:
-Vamos muchachos, apurad un poco las maniobras, que tenemos un jodido miura por la proa-.
-Va a ser mejor que vayamos amarrando todo- le dijo Sito a su compañero de fatigas. Conocía a su patrón y sabia que no era hombre de exagerar, ni de arengar a sus hombres con engaños. Si el decía que algo malo venia...!Es que venia!.
Y lo anunciado no tardo mucho en llegar...Al mediodía los cielos seguían grises pero no llovía, la mar se empezaba a llenar de blancos borreguitos de espuma en su superficie, rolando los vientos al noroeste y arreciando. Haciendo que el barco navegara atravesado a la mar mientras metían a bordo los aparejos, situación peligrosa esta si el viento seguía aumentando en su intensidad. Un fuerte balance les tiro todo el pescado que tenían estibado a estribor a la banda contraria, haciendo así que el barco tumbara mas a sotavento, agudizando de esa manera la escora producida por el viento. Decidió junto con su compañero, bajar aquel pescado a la bodega para que no sufriera daños en cubierta, labor que les llevo cerca de media hora. Cuando subieron de nuevo las condiciones de mar y viento habían empeorado muchísimo. La mar rugía brava ya, y grandes olas se abalanzaban amenazantes una tras otra sobre el barco. Lo prudente habría sido dejar los artes en el agua, y poner el barco a la capa, pero tan solo les quedaba una hora de trabajo para tener todo a bordo y así capear con mas tranquilidad.
Y efectivamente...esa fue la decisión de su patrón, un ultimo esfuerzo y todo acabaría por hoy.
Pero llego un momento en que se hacia prácticamente imposible laborar el pescado que iba entrando, fuertes cucharadas de mar embarcaban a bordo cada vez que el barco escoraba a barlovento, haciendo que todo anduviera al garete sobre cubierta e imposibilitando las tareas...o trabajabas, o te agarrabas. Viendo el cariz que estaba tomando el asunto, Sito decidió cerrar la escotilla que comunicaba el parque de pesca con el resto de la habitabilidad del buque... Y en esas estaba cuando de repente...un terrible golpe sacudió el barco de proa a popa, y de babor a estribor, haciéndolo temblar. Era como si un enorme mercante los hubiera embestido salvajemente y ahora los arrastrara de costado, tumbándolos violentamente en una escora sin fin. Sito tubo que soltar la escotilla, e inmediatamente se vio catapultado contra el mamparo de babor, un mamparo que inexplicablemente ahora le servia de suelo. La señal de alarma corrió por sus neuronas, haciéndole comprender al instante que aquello era algo mas que un fuerte bandazo...!Dios mío, el barco estaba dando la vuelta!...el pánico en la cara de su compañero se lo confirmo. El volteo se estaba completando rápidamente, lo que antes era cubierta...era techo ahora. Intento orientarse y buscar una salida, pero todo era confusión y nervios en su cerebro...la adrenalina golpeaba rítmicamente sus sienes. Hasta que...y sin previo aviso, una enorme catarata de agua helada entro por el portalon inundándolo todo, asfixiándolo todo, ahogándolo todo. Sus ojos buscaban a su compañero en medio de aquella caótica locura de boyas, aparejos, pescado y espuma. Solo había espuma a su alrededor, una espuma fría y mortal que lo envolvía totalmente. Instintivamente cerro su boca y aguanto el aire, y con dificultad se fue moviendo entre el caos buscando la vida. A solamente dos escasos metros tenia el portalon del parque de pesca...tenia que llegar, tenia que salir de allí...¡tenia que respirar!. Y lo hizo, saliendo a la superficie como una boya, sacando medio cuerpo fuera en el esfuerzo. Y abriendo desesperadamente la boca...respiro...insuflo aire en sus pulmones, volvió a llenar de vida su cuerpo. Durante un intervalo de tiempo que le pareció interminable, solo hizo eso..respirar... respirar. Y esa respiración lo fue tranquilizando, y esa tranquilidad a su vez le fue devolviendo al escenario del drama que estaba viviendo. Miro a su alrededor, ¡no miraba el barco!, ¿Dónde estaba el barco?, ¿Dónde estaban sus compañeros?, ¿Dónde estaba el?. ¿Porque aquello que tanto amaba quería quitarle la vida así...de esa manera, en medio de esa terrorífica soledad azul y blanca?. Cientos de estupidas preguntas pasaron rápidamente por su mente, a la vez que cientos de estupidas respuestas intentaban consolarle baldiamente.
-Tengo que vivir, tengo que sobrevivir-, -Ella me espera, ellos me esperan-, se repetía una y otra vez, como si esas palabras ejercieran de salvavidas en medio de esa mar tenebrosa, como si esas palabras calentaran sus miembros que empezaban ya a entumecerse. Y recordó la noche anterior, cuando acompañando en la guardia nocturna al patrón, miro el termómetro de mar ...doce grados...¿Cuanto resistiría sumergido en un agua de doce grados...veinte, treinta minutos quizás?. No lo sabia, pero si sabia que no era mucho y que cuanto mas quieto estuviera, antes llegaría la vieja dama de la guadaña. Y nado, sin rumbo, pero nado. Y mientras lo hacia pensaba en ella, y la volvía a mirar sentada tras su ventana contemplando la mar, serena y absorta...Y la llamo...grito su nombre en aquel frío y negro atardecer, sin esperanza que ella lo oyera, pero aun así la llamo....¡Uxiaaaa!!
Después se rindió definitivamente, sus miembros estaban helados, todo esfuerzo era inútil ya... y así lo asumió. El silencio lo fue rodeando, ya no sentía frío, y una calida paz invadió su alma, se sintió ingrávido mientras la luz se iba quedando allá arriba, cada vez mas difusa, cada vez mas lejana. Y contemplándola por ultima vez, su pecho soltó un desgarrador ¡Te quiero!, soltando también con el, su ultimo aliento de vida.

Y cerrando los ojos, se abrazo a su amante, en un abrazo eterno e infinito.



Fredo
Publicado en Sextante el 9 de Junio del 2007

5 tripulantes tienen algo que decirte...:

Anónimo dijo...

...bello...aunque dejemosla esperar...que afile bien la guadaña para que sea mas dulce el final.


Un beso and saludete.

Josune

J.J. dijo...

Impactante, pide una tercera parte desde un observador omnisciente (dios, la parca,...) para rizar el rizo y regalarnos otro relato de esa calidad. Saludos desde Bcn.

Holly dijo...

Joder... esta parte no la conocía. Aún tengo en mi piel el frío del agua...
pfff.... que duro, intentas ponerte en su lugar pero eso es imposible... a no ser que hayas estado muy cerca. Alguna vez has sentido algo así? Lo has vivido?
Qué estúpida pregunta. Olvídalo.
Un beso Capitán.

Sill Scaroni dijo...

Estoy leendo todas las historias que simpre son muy interesantes y lindas.
Fredo, puedes decirme donde encuentro el banner de add en Page Flakes para poner en mi blog?
Hice ahora mi página pero no encuentro.
Un beso.
Sill

Anónimo dijo...

Como dice algún tango.. al final "se me pianta un lagrimón". Precioso de leer, y de sentir.
Luisa

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