De cuando las putas eran señoras



Recientemente leí un artículo sobre las mafias del este y el trapicheo de mujeres que se traen en esa parte de Europa. Mujeres que vienen engañadas con la promesa de un trabajo digno en España y que nada más llegar son obligadas a ejercer la prostitucion a lo largo y ancho de esta piel de toro, hasta conseguir pagarse, -en el mejor de los casos- su viaje de entrada y liberarse de esos hijos de puta. Una oscura y triste historia de la cual no voy a hablar por desconocimiento de la misma, pero si que me apetece hablar del gremio de estas señoras.
Yo personalmente hace una eternidad que no frecuento estos garitos, pero no por ello desconozco de que van hoy en dia. Y la verdad, nada que ver con los puticlubs de antes. Ahora, están plagados de mujeres extranjeras -de muy buen ver todas por cierto-, pero que dejan mucho que desear con respecto al producto nacional que campaba antes en dichos locales. Ya no existen aquellas mujeres que jugaban al eterno y seductor juego de las miradas cruzadas, mujeres que se acercaban a ti y con toda la educación del mundo te pedían un cigarrillo clavándote su mejor y mas cazadora mirada en tus ojos mientras tu educadamente se lo encendías. Preguntándote a continuación, si estabas solo y buscabas compañía, cosa que era obvio, y sentándose en el taburete con un mas que elegante cruce de piernas que te dejaba entrever parte de lo prohibido.
Hoy en dia no; hoy se acercan a ti directamente con andares de rapero, y te “exigen” con un raro acento que va desde el duro ruso caucáseo, al colombiano mas florido y pachanguero, que les invites a una copa. Y si no lo haces, bien por que la lumi en cuestión no sea de tu agrado, o bien porque una copa en un garito supone el sueldo de todo un dia y la gasolina de una semana, te quedas mas solo que la una viendo a través del espejo de la barra como esos culos prietos y esas caras de deberle media vida a la vida, picotean de cliente en cliente con flemática desgana.
Cuando era niño, hablo de entre los doce y quince años íbamos al barrio chino de Vigo, mas conocido por la “Ferreria”, donde una mujer apodada “o cabalo” (el caballo), nos hacia precio especial a la pandilla de chiquillos, adentrándonos a los cuatro por tan solo dos mil pesetas (el polvo valía mil), en el sórdido mundo del sexo mercenario. Y si era por la mañana hasta nos podía salir gratis un colacao caliente, dependiendo de si el orballo mojaba o no las viejas piedras del barrio.
Años mas tarde y siendo ya un marino acuartelado, con mucha mili, mucha mar y mucho garito sobre mis cuadernas. En una noche de esas donde el alma se disuelve con el hielo de un copa, recale en un pequeño local del muelle grande en Las Palmas; de aquella un marino aun podía deambular solo por esas plazas y a esas horas sin peligro a ser abordado por un individuo donde las venas le metan prisa a la vida y a tu cartera.
Eran las cuatro de la mañana aproximadamente y me dirigía ya de retirada a mi barco sin mucho convencimiento de querer enterrar aun la noche, cuando entre en ese local a tomarme una penúltima dosis de alcohol y compañía. Solamente tras la barra los ojos de una mujer de edad indefinida, donde las diferentes capas de maquillaje intentaban baldíamente disimular las interminables noches de una interminable vida, me contemplaban con una absoluta indiferencia y curiosidad al mismo tiempo. No me acuerdo del nombre del garito, carece de total relevancia, pero si del nombre de aquella mujer...Josefa se llamaba. Le pedí una copa y le dije que se sirviera una ella también. En su marchita pero a la vez bonita cara se reflejaban sesenta y pico años de una dura vida, que; poco a poco fue desgranándome en una noche de alcohol, humo de cigarrillos y confesiones a media voz. Me contó que era gallega, de A Coruña, que había sido novia de Pucho Boedo, cantante de un viejo grupo que se llamaba “Los Tamara”, el cual haya por los setenta hacia las delicias de nuestras madres convirtiendo los versos de Rosalía en melodías inolvidables. Me confeso también a la tercera o cuarta copa compartida, que llevaba veinticinco años en Las Palmas, que era dueña del local, pues fue lo único que le dejo el cabron de su difunto marido; que además de no ejercer como tal, ejerció de macarra en ella hasta su muerte. Yo también me confesé ante ella, aunque juro no saber lo que le dije, ya que los recuerdos acompañados de Jhonny Walker tornan oscuros los hígados y difusas las mentes, pero si recuerdo, la complicidad y el bienestar con una mujer que no conocía de nada y que esa noche no vendió su cuerpo, sino que regalo su alma.
Cuando el sol empezó a asomar en medio de las grúas del tinglado portuario y la botella vacía relucía transparente bajo la difusa luz roja de lámpara china, me levante de mi taburete y me despedí de ella. Pero antes de llegar a la puerta me llamo, se acerco y posando sus rechonchas y ajadas manos sobre mi cara, me dio un sonoro beso en la mejilla, a la vez que lapidando el encuentro me decía: ¿Que puta seria yo, si no besara a mi cliente?...Pero es que claro...de aquélla las putas eran señoras.

Fredo
Publicado en Sextante el 5 de Octubre del 2007

3 tripulantes tienen algo que decirte...:

Tesa dijo...

Me encanta este texto. Yo sé poco de garitos y prostitutas(de otras, de las que no lo cobran así, al contado, y van de Decentes, he conocido un par de ellas)
Me quedo a escuchar entera la canción que suena en la cantina.
Saludos

Evitadinamita dijo...

Me alegro de verle en tan buena forma literaria, mi querido Capitán.
Hace poco programaron un documento sobre la trata de blancas en España. Desde la ignorancia de aquellos tiempos, sólo puedo decir que lo que ví y oí me sugiere mucha más indignidad en la prostitución de hoy en día, en sitios en los que están, literalmente, encarceladas. Decían que, actualmente, en un 80% de los casos, no han escogido tal profesión.
Muchos besos Capitán desde la isla lunar.

J.J. dijo...

Eran tiempos en los que las putas eran señoras, el aire más limpio y a las cosas se las llamaban por su nombre. Al fenómeno de hoy no lo llamarían prostitución, sino esclavitud. (Por cierto, ¿los hombres de mar cuando han pisado un burdel y le han dado al alcohol?) Saludos desde BCN.

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