Desvarios varios



Hacer cosas de las que te puedas arrepentir suele ser más interesante que arrepentirte de no haberlas hecho. Con este patrón corte el traje de mi juventud, y con el quiero seguir vistiendo la mocedad de mi madurez.
A menudo decimos que los errores de la juventud suelen ser el resultado de una lógica falta de experiencia, pero si por entonces hubiera sabido lo que sé ahora, puedo aseguraros que habría hecho todo lo posible y más por equivocarme con más frecuencia. Tratándose del placer que causan algunas licencias, es una suerte que la experiencia surja cuando ya es imposible enmendarlas, y creo que es necesario cometer día a día esos errores, pues con ellos más tarde tendremos que sustentar lo más interesante de nuestra memoria. En algunas carreteras lo verdaderamente peligroso no es arriesgar en las curvas, sino perder el tiempo en el excesivo celo a las señales de peligro.¿Por lo tanto vale la pena dejar los placeres, para cuando el cuerpo ya no permita los excesos del espíritu?, personalmente creo que no.
A los que tenemos ya cierta edad lo curas nos dijeron que el sexo era algo mezquino y demoníaco, y tuvimos que esperar hasta que la liquidación de la censura nos permitiera descubrir que las limitaciones de la buena conciencia son más fáciles de superar cuando se tiene a mano una habitación vacía, una mujer decidida y un bote de vaselina. Lo malo es que una vez superados los obstáculos morales, llego la sociedad tratando de frenar tus impulsos metiendo la salud como cuña al desaliento. Y si antes te advertían que el sexo te lanzaría de cabeza a la perdición, al pecado y al fuego eterno, ahora te intimidan con que los placeres de la carne te causaran ignominiosas y terribles enfermedades.
Arriesgar y vivir la vida con nuevos compromisos, como un viaje buscando paradas y destinos no programados, tiene sus inconvenientes y sus riesgos, pero como leí en algún sitio… no hay nada más estúpido que morir por haber tenido un accidente de coche en el garaje.
Puede que nunca demos con la fórmula para asegurarnos la felicidad en pareja, pero es imprescindible aprender a convivir con nuestros defectos y nuestros desengaños. Y no limitar nuestro deseo ni nuestros sueños, aun a sabiendas de que no hay ni uno libre de llegar a convertirse en una pesadilla.

Fredo
En Gijón a 13 de Diciembre del 2008

Antes muerto que sencillo

Hay dos cosas que ya son tradición en este puente de la Inmaculada Constitución que acaba de pasar. La una; cuestionarle las arrugas a la ya madurita “carta magna”, y la otra cuestionar (ya que es nuestro deporte favorito en este país de caña y tortilla) la institución monárquica, sequito incluido.
Y como yo estos días, entre el trabajo y el Buenafuente apenas tengo tiempo para leer y cuanto menos escribir; además de las malas relaciones que tengo últimamente con la musa esa, que hace que escriba algo coherente, dentro de las gilipolleces que salen de la única neurona de este desalado pescador. Pues con todo esto, y viendo que con el viento de proa no hago barco decidí rescatar una antigua batallita que mantuve con la realeza y que conté en el viejo Sextante, pero que decidí recuperar para tapar los agujeros de esta cantina.

ANTES MUERTO QUE SENCILLO

En estos días atrás se estuvo hablando mucho sobre la figura del rey y la institución que representa, a raíz de que a un grupo de independentistas catalanes les saliera del mascaron de proa quemar fotos del monarca. Un hecho reprobable en si, pero no porqué fuese la figura del rey, Ala, o el papa de Roma. Sino, porque no deja de ser una falta cívica el quemar cosas en la calle. Creo que vivimos en una democracia y como tal; esta se sustenta principalmente, en la libertad de expresión y el respeto. Implicando con ello tolerancia “incluso con los que no la tienen”.
No me parece de recibo que esta gente sea intocable, y no me parece que sea de demócratas que por poner una viñeta del príncipe echándole un quiqui a Doña Leticia se censure una revista. O por el simple hecho de quemar unas fotos del rey se meta a alguien en la cárcel. Pero en fin no quiero entrar en política, pues hacerlo es la mejor manera de perder amigos. Además de que, con esta tribu es mejor no meterse, pues no se suele salir bien parado. Y lo digo, pues estoy en condiciones de afirmarlo categóricamente, ya que lo padecí en mis carnes, o más bien en mis tripas.
Y si me permiten vuesas mercedes, les relatare el curioso encuentro acontecido hace ya muchos años de este plebeyo que suscribe, con tan ilustres personajes.
Corría el año 1979 de nuestro señor, cuando este vuestro humilde siervo, pertenecía a la plantilla de una naviera cuya sede social estaba ubicada en los madriles, Y la cual presumía de tener en su lista de armadores, -lista esta por cierto, mas larga que la cola del SERGAS- a dos buenas piezas de la nobleza española...Sus ilustrísimas, o excelencias, o como coño les llamen...el ”Duque de Mena” y el ”Marques de Haro”.
Por aquel entonces, aun estaba empezando mis correrías por el mundo y trabajaba como mozo de cubierta en un barco mercante que cubría la ruta entre España y diferentes países del norte de África.
Nos encontrábamos aquel dia descargando mercancía general en el bonito puerto argelino de Mostaganem. Eran las once de la noche y faltaba tan solo una hora para acabar mi guardia de portalon; cuando de repente, un desvencijado taxi paro enfrente mia, y de el salio un traje negro de rayas diplomáticas con una corbata rosa adosados a un individuo pelirrojo, que parecía mas bien expatriado de una novela de Samuel Beckett. El cual acercándose a mí con mucha pompa y mucho glamour, va y me dice:
-Chico, ¿Eres del barco?-
-Si señor, soy el marinero de guardia. ¿Qué desea?-
le conteste con toda la educación y cortesía que mi cátedra plebeya pudo desplegar. A lo que su excelencia contesto:
-Soy tu armador...El Marques de Haro, y quisiera ver al capitán.
Imaginaos la cara que se me puso...Yo, el humilde hijo de un trabajador de astillero, nativo de la esquina desheredada de la península, enfrentándome a la cream española. Tal fue mi estupor, que solo fui capaz de articular: -Vale, pues acompáñeme-Y empecé a subir las escaleras de la pasarela.
Aun no había puesto el pie en el segundo escalón, cuando oigo la voz del aristócrata decirme: -Eh, chico me ayudas con las maletas-, cogiendo en seguida su maletín de mano y dejándome a mí solo, con mis diecisiete añitos y mis escasos sesenta kilos frente a dos maletones más grandes que el baúl de la Piquer. Comprendan vuesas mercedes que me salte la parte del vergonzoso numero que tuve que montar para subir yo solo aquellos dos enormes maletones; tres cubiertas, un entrepuente y dos pisos mas hasta llegar al comedor de oficiales, y encima aguantando delante mía aquel culo lacio con andares de damisela que cada poco me preguntaba: ¿Voy bien por aquí chico?.
Si mariconazo, y si sigues recto te descerebraras contra el pescante de estribor, -me hubiera apetecido contestarle-
...! Pero la cosa no acabo ahí!
Una vez finalizada mi guardia me fui con Pepe, un marinero ya veterano acuartelado en los grandes bancos de merluza de Sudáfrica, a coger unos pocos camarones a lo largo del muelle. Huelga decir, que con semejante maestro el lance fue abundante, y al cabo de una hora casi un kilo de tan rico crustáceo bailaba aun vivo dentro del ganapán. Así que con tan fructífera captura nos dirigimos a la cocina del barco para dar buena cuenta de ellos. Al convite se sumo Tonio, contramaestre del barco y hermano de mi socio de pescaduria, aportando compañía y una botella de buen vino en tetra-brik para ayudar a digerir mejor el marisco.
Cuando teníamos casi todo preparado y nos disponíamos a sentarnos en el comedor, apareció de repente en la puerta de la cocina el hidalgo caballero, -y no os perdáis esto- ¡Ataviado con uniforme de marinero!, lo juro por la guitarra de Jimi Hendrix, y no de un marinero cualquiera...no !Sino de marinero de primera comunión!.
De verdad era digna de ver la postal de aquel cincuentón pelirrojo vestido de primera comunión. Suerte que aun no habíamos empezado con los camarones, pues de seguro habría echado la pota con semejante y esperpéntica visión.
-Buenas noches marineros... ¿Que hacéis?-, nos dijo el príncipe de los mares.
-Pues na, aquí, a punto de comernos estos camaroncillos que acabamos de pescar-, le soltó el incauto del Pepon. Y para acabar de joderla, su hermano Tonio le señaló: ¿Le apetece picar unos pocos?
¿Qué si le apetece?...Jodio infante. ¡Se los comió todos...TODOS!...y medio ladrillo de D. Simon para ayudar en su trasiego.
Mientras nosotros; en parte debido a la cortesía marinera, a la educación, y a que seguíamos alucinados viendo para aquel barón, conde o marques, que era un calco de Cristobalito Gazmoño, -aquel entrañable personaje de Toni Leblanc-...ni los probamos, ni tan siquiera dijimos esta boca es mía, -que en este caso seria lo más apropiado decir-.
Y el hideputa ni respiraba, que más bien parecía lazarillo que caballero, dando cuenta de las viandas.
Pero lo mejor y lo que con más cariño recuerdo, fue el comentario de los dos veteranos, una vez se hubo marchado el conde-duque de los cojones.
-Joder Pepe, pues si que tiene buen diente la realeza-
-Claro coño, los ricos siempre fueron de buen comer. ¿O es que no lo sabias?-
Fredo
En Gijon a 10 de Diciembre del 2008

The Show Must Go On

En 1991 cuando Freddy Mercury (Queen) se encontraba en sus últimos días debido a que padecía la enfermedad del SIDA. Brian May, guitarrista de la banda le compuso la canción “The Show Must Go On”. En ella habla de un final muy próximo, pero a su vez lanzando un mensaje positivo…

Fredo

En Gijon a 31 de Noviembre del 2008

Hechizo de mar




¿A veces me pregunto que hechizo natural tendrá la mar?
Porque esta abrumadora soledad azul, este liquido desierto, cautiva el alma de un hombre hasta tal punto que haga de su vida un encierro voluntario?



Que aun amando y añorando cada minuto, cada segundo; su tierra, sus seres queridos, su hogar, necesite esta paz azul, esta dosis diaria de sal en sus venas para vivir como si de un drogodependiente se tratara, inyectándose sus amaneceres, sus atardeceres y sus noches de luna.

Embrujo natural que perdura y perdura a través de los siglos. Canto de sirenas al cual hombres valientes sucumbieron. Y otros, mas valientes todavía amarraron sus cuerpos a mástiles y palos. Como lo hizo aquel viejo Ulises, para poder regresar a ese otro mundo totalmente discordante.
Ese otro mundo que ahora se me antoja caótico. Donde las prisas, la comodidad, el egoísmo y la falta de honradez, ganaron la partida a valores humanos como la paciencia, la armonía con la naturaleza, la paz o la solidaridad entre iguales. Valores algunos que subsisten todavía en la mar en forma de leyes no dictadas… de leyes silenciosas.

Un marino contempla el horizonte, pero no fija su mirada. Fija sus pensamientos en ese horizonte que ejerce de telón azul de la obra de su vida. Telón que cuando se levanta, le permite ver un mundo de sueños y de esperanzas. Y que cuando se baja y se acaba ese cigarrillo, golpea de nuevo su mente al igual que ola castiga las amuras, inundando y llevándose consigo sueños y pensamientos.

¿Radicara ahí la formula de ese hechizo? ¿Serán esos instantes de paz, que permiten que un hombre sueñe como un niño... la clave de ese embrujo?.......No lo se.


HALA!... A FLIPAR COMO TONTOS

¿Esta nublado, no sale el sol, hace frío? ¡Que más da! Nunca más tendré que trasladar a Maria del mar, Maria José, Mari flor o Marife de una ventana a otra buscando la luz y el calor del esquivo Lorenzo. Se acabo gastarme los leuros en abonos de acción rápida y fertilizantes, o en estar pendiente de sus justas dosis diarias de agua descalcificada. Y se acabo justificar delante de la suegra la presencia de esas “feas plantas que no dan flor ni dan na”, y que “mas se parecen a ortigas que a plantas de interior”.
Ya nunca mas me pillare esos magnos cabreos por quedarme sin papel de fumar justamente en domingo o festivo. Y que se vayan buscando vida los camellitos de turno, volviéndose a meter las bolitas de hachis por donde las trajeron.
Ahora me puedo poner mas ciego que una lombriz sin moverme de delante del ordenador, sin ahumar mis pulmones y sin joder mas mis neuronas, solo tengo que abrir la tapa del cacharro , clickear “I DOSER” elegir la sustancia y… ¡a volar en parapente!
El fumadero en cuestion se situa en una web que se autodenomina líder en la industria de la tecnología Binaural de ondas al cerebro. ¿Y qué como funciona esta arguile virtual?
Pues te vas a la pagina, te descargas el software donde hay un monton de drogas gratuitas para probar; marihuana, hachis, cocaína, heroína, peyote, etc. Las cuales vienen en unos archivos de audio “drg”, que se reproducen con el mismo software, y que según el populacho, la cosa funciona; aunque es conveniente tener un buen par de auriculares, pero… ¡Ojo!, al igual que las de la calle crean adicción.
El programa se llama “I DOSER 4.5” y viene comprimido en un archivo zip, después abres la aplicación I DOSER, haces clic en open doser, te tumbas en el sofá y que te aguante el trinquete lo que te dure el viento.
Y aun hay mas.
Buscando información sobre las famosas ondas colocantes estas, me encontré algo que hará feliz a más de una que adolezca de poca proa. Un tal doctor Hideto Tomabechi investigador y rockero el, a descubierto un tono de móvil que aumenta la talla del pecho de las mujeres entre dos y tres centímetros en tan solo diez dias.
El super-sabio investigador dice que el cerebro de la mujer procesa esa sinfonía interpretando que es el lloro de un bebé, lo que provoca una reacción fisiológica y hormonal que hace que le crezcan las glándulas mamarias a la susodicha.

Pues ya puestos, a ver cuando descubren el toque a arrebato que nos haga crecer alguna otra cosa a los que meamos de pie. Que tres centímetros mas… son tres centímetros. ¿O no?

Fredo

En Gijón a 1 de Noviembre del 2008

Mas fragil que un cristal


Estos días atrás una noticia digna de la más tenebrosa novela de terror sacudió las conciencias de aquellos que somos sabedores de vivir en un mundo donde los pasillos del psiquiátrico se encuentran nada mas cerrar la puerta del portal.
Nadie se libra de esta esquizofrenia colectiva, ni nuestros chavales, estos incluso son mas vulnerables debido a su juventud y poca mili en la mochila.
Rosa María E.P., de 50 años fue asesinada el 17 de Diciembre del 2005 dentro de un cajero automático por tres “niños de papa”, o “niños pijos”, o “niños pera”, o hijos de puta mal criados, da igual como les llamemos, que… “se les fue la mano
No quiero entrar en el suceso en si, sobran las palabras viendo las imágenes con las que sangraron nuestras retinas y nos dejaron una mella en el alma los informativos.
Hubo otra cosa que me impacto tanto o más. Y fue la vida anterior de esta mujer, y el como llego a acabar recolectando sueños dentro de fríos cajeros automáticos rechazada por un entorno que cuanto mas se globaliza, mas se deshumaniza.
Rosa María E.P., de 50 años era una mujer culta, estudiada y estudiosa con un buen trabajo (secretaria de dirección), un marido, una hija y supongo que hasta una hipoteca y tal vez un perro. Una mujer más, con una familia más y con una vida normal estereotipada como la de cualquiera de nosotros. Y que de repente por amor a un palomo lo deja todo, familia, hija, trabajo y corre tras los latidos de su corazón. Un mujer impulsiva, que como casi siempre suele pasar, cuando los impulsos rigen tu vida y relegan a la razón, la hostia que te pegas es directamente proporcional a la fuerza de esos sentimientos.
Abandonada en Francia y sola con el corazón roto busca consuelo en el amor de Baco, el resto es fácil de imaginar… desamor, decepción, amargura, vergüenza, soledad, rechazo, y por ultimo… indigencia. Es la historia de una perdedora en un mundo donde esta de moda ser perdedor, un mundo donde hay música de perdedores, literatura de perdedores, cine de perdedores, incluso hasta hay perdedores de éxito. Es la historia de uno de tantos que al llegar a casa sólo encuentran caliente romper a llorar en la ventana. Es en fin, la historia de aquellos que bajar las escaleras les llevaba el doble de tiempo que subirlas
En su última entrada una amiga de este blog decía que solo un cristal nos separa de ese otro mundo. Personalmente creo que es algo aun más frágil que un cristal… es una puta y simple neurona. Y que como se nos joda… Adiós.
Fredo
En Gijon a 26 de Octubre del 2008

Dialogo de besugos


Cogio su arrugado paquete de cigarrillos del bolsillo de su camisa. Saco dos y le dio uno a su amigo. Como siempre hacia, le quito el filtro al suyo, se lo colgó de los labios y al mismo tiempo que lo encendía, aspiro una larga y profunda calada.
Después se quedaron los dos mirando al mar largo rato sin hablar. Una segunda calada lo saco de su ensimismamiento.
Miro a su compañero que con los ojos entornados contemplaba el destello rojizo de un sol durmiéndose ya bajo el horizonte...
- Mon
- Si
- ¿Cuántos años llevas aquí?
- Muchos
- ¿Por qué?
- ¿Por qué, que?
- ¿Qué porque llevas tantos años aquí?
- Porque es mi vida, así la elegí.
- ¿La elegiste o te eligió?
- Joder patrón, estas rarillo hoy, eh!
- Déjate de rarillo, y contesta a la puta pregunta.
- Mira patrón, yo no soy como tu, yo no leo ni escribo como tu, y yo no me hago ese tipo de preguntas como tu. A los catorce años ya andaba con mi padre largando y virando nasas dentro de la ría...En cuanto acabé la marina, me enrole en un barco para Malvinas y hasta hoy...No conozco otra vida patrón, la mar es lo único que conozco.
- ¿Pero no te gustaría vivir en tierra, dormir con tu mujer todos los días, leer el diario por la mañana, ver crecer a tus hijos, pasear con la legitima al atardecer por el paseo...en fin, lo que hace la gente normal?.
- No.
- ¿No?. ¿Coño, y porque?
- Por que eso no es lo que hace la mayoría de la gente normal. Esa inmensa mayoría de gente normal se levanta de mala leche casi todos los días para ir a un trabajo que no les gusta, llegan tarde a casa cansados y sin tiempo para fijarse si sus hijos crecen o no. Y su legitima tampoco tiene tiempo de paseos, pues también trabaja y al llegar al hogar aun tiene que prepararles la cena a el y a los críos, dejar lista la ropa del día siguiente, recoger algunas cosas y quedarse dormida en el sofá viendo soplapolleces en la televisión.
- Además...
- ¿Además que?
- Además, no saben fumarse un cigarrillo con un compañero viendo la mar y sin abrir la jodida boca.
- Tienes toda la puta razón... ¿Otro pito?
- Venga.


Fredo

¡QUE OS JODAN!


¿Así que ahora lloráis y queréis que “papa estado” os deje pelas a fondo perdido porque no tenéis liquidez y se os va el negocio de la usura al garete?
-¡Huy que penita me da el nene que tie que cerrar el garito y cambiar a Armani por los chinos!... Pos os jodeis-.
Que nosotros los de a pie, los que tenemos que avalar una hipoteca poniendo hasta la dentadura de la agüela encima de la mesa, los que crucificamos nuestras vidas y nuestros salarios por un par de generaciones para poder tener una vivienda digna, los que nos pasamos cinco putos años pagándoos intereses antes de empezar a amortizar las pelas que nos dejasteis (supuestamente, porque ahora se ve que no tenias ni un puto duro), los que durante años tuvimos que aguantar vuestras agresivas políticas neoliberales iniciadas en su tiempo por Reagen y Thatcher y tan claramente fracasadas, que hasta el Sarkozy habla ahora de capitalismo regulado, los que tenemos que oír reiteradamente vuestros “donde dije digo, digo Diego” cuando acusabais de maniobra comunista el nacionalizar empresas, cuando ayer nos decíais que el estado es un pésimo administrador, que "el estado debe estar fuera de el mercado"..., Pues esos mismos no estamos por la labor de echar mano a nuestros bolsos para sacaros las castañas del fuego, especuladores de los cojones.
Durante años estuvisteis otorgando hipotecas infladas y de riesgo porque sabíais que lo que ahora valía diez mañana valdría veinte, os lucrasteis, enriquecisteis, os pudristeis de dinero mientras nosotros pudimos ir pagando malamente. Y ahora que no podemos, queréis que papa estado os deje 1 billon (si con B de burrada) de dólares para que sigáis. ¡Anda y que os den por culo!
Lo que tenéis es que pagar con cárcel todos estos despropósitos acumulados…¡Pero nooo!, como sois ricos aun os infláis mas de pasta. Y sino que me expliquen como puede ser que se hayan pagado dividendos a directivos, por resultados desastrosos; como es el caso Leman Brothes, donde el director de una empresa que quiebra se lleva 144 millones de dólares, por destruir la misma.
En la vida real, -o sea la nuestra- con cualquier escusa de poca monta se imponen penas de prisión y en un fraude masivo como el que se vislumbra en todo este tinglado de intereses adulterados y favores rescatados, todavía no hay nadie en aquella tierra de promisión exigiendo penas de cárcel para tantos “guantes blancos” como los que se están lavando las manos.
Lo único bueno que veo en toda esta mierda es la hostia que se pego el capitalismo, esperando que esto nos haga reflexionar a todos y nos haga a su vez evolucionar y avanzar.
Y si nos vamos todos a tomar por culo, me consuela y me hace brillar el colmillo el saber que vosotros os hundiréis en la mierda conmigo. ¡Pardiez!

Fredo
En Vigo (y de vacaciones) a 1 de Octubre del 2008

Estudios antropologicos




De vez en cuando nos podemos descojonar un poquito y más, leyendo las difíciles conclusiones de algunos estudios publicados por insignes universidades, y eruditos investigadores que no conoce ni cristo ni su propia madre.
Y yo me pregunto, ¿No hay cosas mas relevantes y necesarias que investigar?, como por ejemplo… no se… la emancipación del buey. Tema este que les podría dar pie a una larga tesis doctoral, al tiempo que seguramente procuraría algún beneficio a quien se dedica a la cría de tan noble animal, ya que puestos a gastar dinero contributivo… ¿Por qué no?
Hace unos días leí en mi diario de los desayunos, dos de estos estudios dignos de ser firmes candidatos al Nóbel de los disparates.
El primero era una exposición exhaustiva sobre la personalidad de aquellos que les gusta la música heavy. Según los doctos investigadores y al contrario de todos los esteorotipos, los aficionados al heavy son personas tiernas y muy románticas. Y ya de paso, y metidos en harinas de repostería, los amantes del jazz, así como los de la música clásica tienen una alta autoestima y son gente creativa. Pero eso si, mientras los primeros se caracterizan por su sociabilidad, los segundos son personas introvertidas. Pero no os vayáis a creer que este estudio se lo sacaron de la manga, como conejo de chistera… ¡No! Esta importante tesis esta avalada por un prestigioso catedrático de psicología con un nombre muy raro y más de 36.000 personas (supongo que muy raras también) que han participado en el estudio.
La verdad que esto de dime lo que escuchas y te diré como eres, tendría un pase siempre y cuando fuera una perla soltada por la Pitonisa Lola o algún friki televisivo, pero viniendo de un ilustre científico avalado por una no menos insigne universidad, que quieren que les diga, oiga! Que me dan ganas de echar la pota directamente, al tiempo que me planteo una pregunta que seguramente os habréis bosquejado vosotros también… ¿Qué pasa con la peña que les gustan diferentes tipos y estilos musicales? ¿Acaso son psicópatas tarados con personalidad múltiple y dignos candidatos a ser protagonistas junto a Jack Nicholson en Alguien voló sobre el nido del cuco?...¿Einnn listillos catedráticos?

El otro estudio aun es aun más meritorio de sainete.
Un tal Stuart Brody de la universidad West Scotland dice que: “Según la forma de andar de las mujeres, esta guarda relación con su capacidad para alcanzar el orgasmo”.
En el viene a contar que la capacidad para alcanzar el orgasmo de nuestras churris es directamente proporcional a la longitud de zancada y a la rotación vertebral. Y esto se debe a que caminando de determinada forma “se desbloquea el flujo energético de las piernas a la pelvis a través de la columna”.
¡Pues por aquí no… no paso! Aquí tengo algo que decir, además de mi propia teoría al respecto.
Acepto como pulpo animal de compañía, eso de que los jevimetaleros se amariconen escuchando a Judas Priest o a Metálica, o que a los que nos gusta el jazz seamos unos egocéntricos de los cojones. Pero que la capacidad orgásmica de la bisectriz se mida por la forma de andar es mucho ceder, y me niego a creerlo.
Porque vamos a ver, aplicando esta teoría las modelos que mueven las caderas y el culo mas que un buque en lastre en medio de un temporal fuerza ocho, se deben de correr hasta con el Solbes haciendo balance económico. O que las geishas japonesas que parecen en sus andares el conejito de las pilas interminables desconozcan lo que es un buen final de un polvo. O que simplemente por medir uno ochenta y la zancada larga te arda la pepitilla escuchando los partes meteorológicos… ¡Anda ya!
Y para tirar por los suelos esta teoría que le pregunten a mi tierna amiga de secundaria Paquita, que con aquellos andares que tenia la tía que parecía prima-hermana de Chiquito de la Calzada, era capaz de correrse un par de veces mientras nos la pelaba a dúo detrás del gimnasio.
Así que yo, “que a veces pienso”, llego a la conclusión que… si una mujer, y usando términos castizos “esta bien folla” en sus andares garbosos y satisfechos se podría apreciar alguna diferencia con las otras que acostumbran a pasar mas “leste” y no al revés… lo demás son ganas liar el palangre.


Fredo
En Gijon a 14 de septiembre del 2008

Sin estela por la popa






Al igual que un amigo de este sitio, que acaba de alistarse lozano, a otro nuevo ciclo bloguero después de las tan requeridas vacaciones. Yo también acabo de hacer la matricula, para este nuevo curso de Técnico Especialista de Primera clase en escribir paridas y despropósitos varios, aunque eso si…sin periodo vacacional de por medio –que no se crean vuesas mercedes que todo el monte es orégano-. Supongo que en este nuevo periodo seguiré teniendo el beneplácito de los que aquí entran, aunque no les guste una mierda lo que lean, pero… para algo están los amigos, oiga!, Y bueno, si de paso les gusta… mejor que mejor.
Creo que hice bien el curso pasado en cerrar Sextante y abrir esta cantina portuaria, la veo mas acorde con el medio de vida que lleva ahora este viejo pescador de húmedas rodillas y sangre ensalitrada, ya que solamente comparto con la mar media singladura, cuarto y mitad del sueño y escasamente una parte de su viento. Y cuando digo media, es…“media”. O sea, exactamente doce horas al día en la mar y doce en tierra, mas precisión imposible… ¿Qué se podía esperar del viejo y maniático Tormentas?
Así de esta manera, creo que podré cincelar mejor en las piedras de este dique particular, mi personal forma de observar lo que me rodea tanto en tierra como en la mar. Integrándome de paso, en la reparadora sencillez de este sueño plural, que consiste en vivir el día a día en una ciudad y lo mejor que se pueda. Supongo también, que esto me dará un visión mas objetiva de la vida terrícola, como cuando te alejas de un cuadro para dejar de ver los movimientos de la mano del pintor sobre el lienzo y desnudas la obra en su totalidad, cambiando el atrezzo de la técnica por el del sentimiento con tan solo moverte unos metros.
Creo que puede ser este un buen curso “académico” en el sentido mas estricto de la palabra, pues sumándole a que estoy en tierra todos los días, lo hago en medio de este concurrido foro ciudadano, que acostumbra madrugar todos los días para ir al trabajo y apurar las ultimas horas del día para hacer la compra o tomarse unas cañas con los amigos. Totalmente diferente a cómo lo vine haciendo todos estos años, en que mis recaladas en dique seco eran siempre ociosas, y en donde mis despertares eran acompañados del sonido de los pájaros y el agua, muy lejano, por cierto, al irritable sonido del camión de la basura.

¿Y de momento que quieren que le diga a vuesas mercedes?... Pues, que le voy cogiendo el gustillo a esto, oigan. Me lo paso pipa ejerciendo mi deporte favorito de observar a la peña y lo que me rodea ya que las razones que tengo para encender el televisor siguen siendo las mismas que para apagarlo.. Y viviendo como lo hago, en un tercero con vistas a la calle y edificio al otro lado de la misma, tengo ante mi todo un escaparate de historias tras ese mosaico de ventanas increible… Como justo enfrente, en donde una pareja que por los gestos que se ven -ya que el audio no llega hasta mi ventana-, deduzco están a punto de finalizar contrato. O como la que vive encima, donde el afortunado no para de deshuesarle el jamón a su novia. También dos pisos mas abajo comparten covacha dos muchachos; que no se, no se… pero me parece que hacen un poco de agua por la limera la parejita. Y a su lado un duo de jubilados arman la de cristo día si, día también, hasta el punto que me dan ganas a veces de gritarles desde el otro lado de la calle: ¡Vieja bruja, deja en paz al agüelo, coño!. Lo mas intrigante es lo del primero derecha, donde un tío barrigón llega todos los días a casa a eso de las diez de la noche, uniformado con chaquetilla de obrero municipal, cuando es de dominio publico que este cuerpo de “ingenieros”, acaba el tajo a las cinco o seis de la tarde…. Vamos, que tengo a mi alrededor una biomasa ciudadana digna de cualquier guion televisivo, y como pueden observar vuesas mercedes creo que podria llegar a dar mucho juego.
Pero hay algo, que es lo que mas me va prendando. Y es ese colegueo que me empiezo a gastar, con la abuela dependienta de la tienda de chuches donde me compro los “Fritos”. Con la estanquera que me vende el tabaco y El Comercio… La señora que limpia el portal y su hija que le ayuda por las tardes. O Miguel, el dueño del bar donde me tomo las cañas y me relleno de cuando en vez con una robaliza (lubina) a la espalda al ritmo repiqueteante y folklórico de una sidra escanciándose en el borde del vaso, -que créanme, es gloria bendita oírla-… Un montón de gente importante todos ellos, que viven y conviven en este barrio obrero y que coinciden diariamente haciendo que al menos, el reconocimiento de nuestras caras nos hagan sentirnos un poco menos solos y mas entre amigos.
Así que espero llegar a conocer con el tiempo sus particulares historias y saber hilarlas después en un texto que resulte agradable y entretenido leer. Y como os dije al principio… sigo abrigando la esperanza de vuestro condescendiente beneplácito hacia este marino que sigue navegando, pero ahora eso si… sin dejar estela por la popa.

Fredo
En Gijón a 9 de Septiembre del 2008

Noches de luna llena en la mar

Ayer fue la luna llena de Julio, y me apetecía rescatar del cajón del cuarto de derrota este escrito para esta nueva plataforma… Espero que os guste.



Hace unas semanas me mandaron un comentario de Fenix, una amiga de este space en el que me preguntaba: ¿Cómo son las puestas del sol en la mar? ¿Qué se siente al contemplarlas? También me decía que nunca viajo en barco y que le intrigaba lo que se podría sentir, el ruido de las olas, las estrellas, la mar ¿Si se siente miedo o por el contrario se encuentra paz?...

Llevo veintiséis años en la mar y le podría decir que nunca vi un amanecer, una puesta o una noche estrellada que fuera igual a otra, son muchas las incógnitas y variantes, que entran en tan hermosa ecuación de color y de luz influyendo en su resultado final; desde las exteriores obviamente, hasta las interiores, siendo estas ultimas las que mas peso adquieren. Es tu estado de ánimo o tu sensibilidad al igual que los alcalinos en el revelado de una fotografía los que fijan y resaltan la imagen. Los que hacen que un sol dormido deje de ser un simple “esta rojo de carallo”, a salpicar el cielo de infinitos matices que cubren todo el espectro de color: desde al azul cobalto mas puro, al amarillo cadmio mas calido que uno puede percibir. O los que hacen que una luna llena deje de ser una impostora que roba su luz al sol, una esfera de blanco abstracto sin sangre, a convertirse en pura magia cargada de luz y embrujo...
–precisamente, como la que vengo ahora mismo de contemplar-.

Acabo de entrar en el puente después de estar un buen rato disfrutando de mi hora preferida, y en mi sitio preferido de esta cóncava construcción de chapa y soldaduras. Esa hora en la que toda la tripulación descansa después de un duro trabajo y con ella el barco también, en la que, apagado su motor principal se deja únicamente un pequeño auxiliar que mantenga la corriente a bordo. Hora en la que, el silencio y la quietud suavizan con una dulce y fina capa, nuestras almas de sal. Pero hoy es distinta, especial...es noche de luna llena, o más bien diría: una perfecta noche de luna llena, pues hoy la mar también se encuentra tranquila y relajada... postrada ante tan hermosa señora, y ofreciéndole su manto cual inmenso espejo.
Y si...es paz, el sentimiento que con más poderío recoge el alma del pescador.
Pues cuando la iluminada oscuridad de una noche de luna en la mar adquiere color, y la penumbra adquiere textura...el alma adquiere reposo y sosiego.

Como dije antes tengo un sitio especial para disfrutar de las noches así, y es el punto mas alejado del barco “el pichón de proa”, aquel donde un jovencito DiCaprio hacia volar a través de las olas a una no menos jovencita Kate Winslet en la película de James Cameron “Titanic”.
Allí, en la proa, sentado sobre mi propia soledad y acunado por un levísimo y lejano ronroneo del latir del barco, es donde puedo sentir el roce de la suave marejadilla que acaricia su casco, y es allí donde esa paz, esa quietud y ese sosiego adquieren matices casi místicos para mi cuando son acompañados por el baile de lucecillas doradas y plateadas, que esa luna enorme esparce por la negra superficie abriendo un sendero de luz, desde el horizonte mas lejano e inabarcable hasta el centro mismo del corazón de quien disfruta esos instantes. Son momentos donde entre el embrujo de la luna, el calor de tu cigarrillo y tus propios pensamientos te reconcilias con el entorno hasta fundirte en el, hasta ser parte del atrezzo de ese inmenso y mágico escenario, son momentos donde el marino disfruta de la soledad, ese otro sentimiento que nos acompaña desde el mismo instante que desencapillamos los cabos que nos amarran a ese otro mundo... vuestro mundo.

Hasta para la más diminuta criatura marina, estas noches son mágicas, todas y cada una de ellas suben a contemplar el hermoso espectáculo que ofrece la mar irisada. Dicen los biólogos y científicos que este enorme éxodo de la biomasa marina hacia la superficie, se debe al movimiento de las capas de reflexión...ya sabéis, fitoplancton, zooplancton, y consecuentemente toda la cadena trófica, arrancándole de esta manera con sus teorías, toda su magia y belleza.

Sin embargo a mi me gusta mas pensar poniéndole un pequeño punto romántico a la noche, que lo hacen para cenar a la luz de una vela...! No saben nada estos peces!.



Fredo
En la mar, a 31 de Julio del 2007

Me gustan los hombres

Tranquis to el mundo, que no acabo de salir del armario, ni pierdo aceite por la limera. Es solamente el titulo de la columna que esta semana nuestra meritoria Torquemada (Carmen Posada) nos dedica a aquellos que solo usamos compresas pasados ocho decenios.
Esta vez la señora nos dedica unas indulgentes palabras a los que somos incapaces de mirar a los ojos de una mujer sin que se nos note que nuestras pupilas lo que de verdad reflejan son sus piernas… Eso si, siempre con ese vago toque sexual de mujer culta y liberada a la que puedes imaginar buscando la farmacia de guardia en el Boletín Oficial del Estado, para comprarse un selecto diafragma de Sargadelos.
Creo leer entre sus líneas una tenue defensa de aquellos hombres que no somos dados a proclamas de su lado femenino y su instinto maternal mientras abominamos de nuestra asquerosa condición masculina. Yo personalmente, encuentro positivo que algunos varones traten de destapar su lado más tierno, pero no entiendo la razón por la cual algunos prójimos asisten a los partos de sus mujeres y se comportan como si ellas pusiesen los dolores y ellos, tan sensibles, colaborasen rompiendo aguas…

En fin, que algunos tíos nos mola leer este tipo de columnas escritas por tan “eruditas feministas”. Y este articulo debería de ser colgado en el tablón de anuncios del despacho de alguna conocida “miembra” del congreso de diputados, pero a falta de eso, lo cuelgo yo aquí por si algún despistado aun no lo leyó...


Acabo de teclear el título de este artículo y de pronto me detengo. «Vaya perogrullada», pienso; se supone que a todas las mujeres heterosexuales nos gustan los hombres y no debería haber motivos para hacer pública semejante profesión de fe. Sin embargo, creo que las mujeres, y en especial las que escribimos, últimamente estamos demasiado cañeras con los tíos. Abundan hasta la náusea los artículos en los que se habla del egoísmo masculino. Que si ya está bien de que ellos se crean Rapa Nui (léase el ombligo del mundo). Que si estamos hartas de ser el segundo sexo del que habló Simone de Beauvoir y que ahora en siglo XXI seremos por fin el primero. Que si alumbra ya la era del varón domado y más aún la del varón sometido. Y ojo, chicos, porque a la mínima que os descuidéis haremos con vosotros, metafóricamente al menos, lo mismo que hizo Lorena Bobbit. Sí, aquella que aprovechó el sueño de su marido para `afeitarlo´ tan al ras que lo dejó listo para trabajar de eunuco en un harén. Y luego está toda esa monserga de cómo nosotras somos más sensibles que los hombres y también más evolucionadas biológicamente y, por supuesto, más inteligentes. Amén de los chistes feministas, que se parecen mucho a los machistas y que tienen tan poca gracia como éstos. O poner el grito en el cielo por cualquier comentario adverso contra las mujeres mientras contra los hombres se puede despotricar todo lo que se quiera porque para eso está la libertad de expresión... Yo, que soy mujer y por tanto lo puedo decir (si fuera hombre, seguro que me capan), debo confesar que empiezo a estar harta de este discursito. No creo que seamos ni más inteligentes ni más sensibles ni más evolucionadas que ellos; somos diferentes, y a Dios gracias que es así, porque si no este mundo sería mucho más aburrido. Ahora bien, lo que más me sorprende de todo el asunto es que los hombres con tanto blablá hembrista han caído víctimas de un curiosísimo síndrome de Estocolmo. De un tiempo a esta parte, el que más y el que menos dice estar ahora «cultivando su lado femenino» o «envidiar terriblemente la extraordinaria sensibilidad de las mujeres» o confiesa que su mayor deseo en esta vida hubiera sido «nacer mujer para ser madre». Menos esta última afirmación, que comprendo divinamente (ser madre es lo más maravilloso que existe), el resto de las afirmaciones me tiene mosca. ¿No será que los hombres se están feminizando? Si miramos las modas y las costumbres, bien podría ser que sí. El otro día leí que el sesenta por ciento ¡¿sesenta?! de los varones españoles se depila (con lo que a mí me gustan los tíos de pelo en pecho, qué desgracia). Además, desde que Beckham reinó en estas tierras, llevar pendientes de diamantes ya no es de nenazas, ni lo es hacerse mechas ni tampoco ponerse rímel; a este paso, pronto los veremos usar lip gloss y pintarse las uñas, si no, al tiempo. Yo, como soy una antigua, cuando los veo por la calle de esta guisa, con los pelos en pincho y los pantalones enseñando gayumbos, lo que me da es un ataque de risa, qué quieren que les diga. Cierto es que en otras épocas los hombres también llegaron a invadir las modas femeninas. En la Francia del siglo XVIII, por ejemplo, llevaban tacones, lucían pelucas y se ponían colorete. Claro que aquello acabó como acabó (en revolución y rodando cabezas), de modo que no saquemos conclusiones apresuradas... En fin, no voy a seguir con el sermón, porque sé perfectamente que estoy en franca minoría y que a muchas de mis congéneres el que ellos fomenten su lado femenino les parece sensacional y pasear del brazo de un maromo depilado, el súmmum de lo cool. Yo, en cambio, ahora que viene el verano y la ropa escasea, hago votos para tener la enorme suerte de descubrir, entre tanto petimetre, pisaverde, lechuguino y lampiño metrosexual, también a algún tío como los de antes. De esos que en vez oler a pachuli o a 212 de Carolina Herrera despiden feromonas a kilómetros, por ejemplo. Primitiva que es una, pero mmmm... ¡qué gustazo!

De cuando las putas eran señoras



Recientemente leí un artículo sobre las mafias del este y el trapicheo de mujeres que se traen en esa parte de Europa. Mujeres que vienen engañadas con la promesa de un trabajo digno en España y que nada más llegar son obligadas a ejercer la prostitucion a lo largo y ancho de esta piel de toro, hasta conseguir pagarse, -en el mejor de los casos- su viaje de entrada y liberarse de esos hijos de puta. Una oscura y triste historia de la cual no voy a hablar por desconocimiento de la misma, pero si que me apetece hablar del gremio de estas señoras.
Yo personalmente hace una eternidad que no frecuento estos garitos, pero no por ello desconozco de que van hoy en dia. Y la verdad, nada que ver con los puticlubs de antes. Ahora, están plagados de mujeres extranjeras -de muy buen ver todas por cierto-, pero que dejan mucho que desear con respecto al producto nacional que campaba antes en dichos locales. Ya no existen aquellas mujeres que jugaban al eterno y seductor juego de las miradas cruzadas, mujeres que se acercaban a ti y con toda la educación del mundo te pedían un cigarrillo clavándote su mejor y mas cazadora mirada en tus ojos mientras tu educadamente se lo encendías. Preguntándote a continuación, si estabas solo y buscabas compañía, cosa que era obvio, y sentándose en el taburete con un mas que elegante cruce de piernas que te dejaba entrever parte de lo prohibido.
Hoy en dia no; hoy se acercan a ti directamente con andares de rapero, y te “exigen” con un raro acento que va desde el duro ruso caucáseo, al colombiano mas florido y pachanguero, que les invites a una copa. Y si no lo haces, bien por que la lumi en cuestión no sea de tu agrado, o bien porque una copa en un garito supone el sueldo de todo un dia y la gasolina de una semana, te quedas mas solo que la una viendo a través del espejo de la barra como esos culos prietos y esas caras de deberle media vida a la vida, picotean de cliente en cliente con flemática desgana.
Cuando era niño, hablo de entre los doce y quince años íbamos al barrio chino de Vigo, mas conocido por la “Ferreria”, donde una mujer apodada “o cabalo” (el caballo), nos hacia precio especial a la pandilla de chiquillos, adentrándonos a los cuatro por tan solo dos mil pesetas (el polvo valía mil), en el sórdido mundo del sexo mercenario. Y si era por la mañana hasta nos podía salir gratis un colacao caliente, dependiendo de si el orballo mojaba o no las viejas piedras del barrio.
Años mas tarde y siendo ya un marino acuartelado, con mucha mili, mucha mar y mucho garito sobre mis cuadernas. En una noche de esas donde el alma se disuelve con el hielo de un copa, recale en un pequeño local del muelle grande en Las Palmas; de aquella un marino aun podía deambular solo por esas plazas y a esas horas sin peligro a ser abordado por un individuo donde las venas le metan prisa a la vida y a tu cartera.
Eran las cuatro de la mañana aproximadamente y me dirigía ya de retirada a mi barco sin mucho convencimiento de querer enterrar aun la noche, cuando entre en ese local a tomarme una penúltima dosis de alcohol y compañía. Solamente tras la barra los ojos de una mujer de edad indefinida, donde las diferentes capas de maquillaje intentaban baldíamente disimular las interminables noches de una interminable vida, me contemplaban con una absoluta indiferencia y curiosidad al mismo tiempo. No me acuerdo del nombre del garito, carece de total relevancia, pero si del nombre de aquella mujer...Josefa se llamaba. Le pedí una copa y le dije que se sirviera una ella también. En su marchita pero a la vez bonita cara se reflejaban sesenta y pico años de una dura vida, que; poco a poco fue desgranándome en una noche de alcohol, humo de cigarrillos y confesiones a media voz. Me contó que era gallega, de A Coruña, que había sido novia de Pucho Boedo, cantante de un viejo grupo que se llamaba “Los Tamara”, el cual haya por los setenta hacia las delicias de nuestras madres convirtiendo los versos de Rosalía en melodías inolvidables. Me confeso también a la tercera o cuarta copa compartida, que llevaba veinticinco años en Las Palmas, que era dueña del local, pues fue lo único que le dejo el cabron de su difunto marido; que además de no ejercer como tal, ejerció de macarra en ella hasta su muerte. Yo también me confesé ante ella, aunque juro no saber lo que le dije, ya que los recuerdos acompañados de Jhonny Walker tornan oscuros los hígados y difusas las mentes, pero si recuerdo, la complicidad y el bienestar con una mujer que no conocía de nada y que esa noche no vendió su cuerpo, sino que regalo su alma.
Cuando el sol empezó a asomar en medio de las grúas del tinglado portuario y la botella vacía relucía transparente bajo la difusa luz roja de lámpara china, me levante de mi taburete y me despedí de ella. Pero antes de llegar a la puerta me llamo, se acerco y posando sus rechonchas y ajadas manos sobre mi cara, me dio un sonoro beso en la mejilla, a la vez que lapidando el encuentro me decía: ¿Que puta seria yo, si no besara a mi cliente?...Pero es que claro...de aquélla las putas eran señoras.

Fredo
Publicado en Sextante el 5 de Octubre del 2007

Mujer de mar


Su madre ya se lo había avisado, -No salgas con ese chico, solo te traerá disgustos- pero ella...nada...ni caso...como casi siempre hacia de los consejos que le daba. Y al final se enamoro de aquel moreno correoso, duro como la piedra y con sabor a sal. Su felicidad era total, como la de cualquier mujer enamorada, solo tenia ojos para el...Pero esa dicha absoluta poco tiempo duraría...escasamente 15 días. Y ahora le tocaba pasar la amargura de su primera despedida. Hacia tiempo que sabía que lo tendría que compartir, el se lo había confesado un día: -Uxia tengo una amante a la cual le seré siempre fiel y de la que nunca podré separarme-, ella mirándolo asombrada, solo pudo preguntar con la voz rota -¿De que me hablas Sito?-, -De la mar Uxia, te hablo de la mar-. Suspiro aliviada, y mientras lo abrazaba; lo beso susurrándole al oído –Tonto, de tu mar nunca tendré celos-
Y ahora allí estaba...a pie de muelle, cruzando los brazos sobre su pecho, cerrando su abrigo y protegiendo su vientre que ya comenzaba a hincharse con la vida que llevaba dentro, mientras sus ojos no paraban de derramar lágrimas de dolor...Y sintió celos. Celos de esa mar que le llevaba a su hombre por primera vez, haciéndola sentir realmente sola por primera vez. Y también por primera vez, amigándose con su adversaria le suplicaba que se lo devolviera, no importaba lo que tardara...pero que se lo devolviera siempre. Y a esa primera vez le siguió otra y otra...y muchas otras mas. Y dos veces se le hincho el vientre y siempre las mismas lagrimas de dolor. Un dolor de partida, de soledad, de cama vacía. –Ya te acostumbraras hija-, le decían las otras mujeres que al igual que ella despedían a sus hombres sobre la piedra gris y húmeda del viejo muelle. Pero los años pasaron y ella nunca se acostumbro, deseaba hacerlo, pero ese dolor siempre aparecía un día antes de la marcha de su amor, nacía de lo más profundo de sus entrañas, creándole un nudo en las mismas que le impedían hacer nada, incluso el respirar. Pues era un dolor acompañado de miedo, de soledad y de incertidumbre. Un miedo que solo se interrumpía el día de su llegada, una soledad que finalizaba en ese abrazo de bienvenida a pie de muelle, y una incertidumbre que de repente se trastocaba en sueños, planes y proyectos después de una larga primera noche de amor a su llegada a tierra. Había algo que siempre le intrigaba en ese continuo alejarse y volverse a encontrar...Cuando su amor se iba, el cielo era gris, oscuro y frío como el orballo que mojaba su pelo mientras veía alejarse el barco más allá del faro verde. En cambio cuando el volvía ese mismo cielo brillaba radiante, limpio y despejado. Era tanta y tan repetida casualidad que llego a pensar que ese mismo cielo era fiel reflejo de su alma y de su corazón. Cuando el estaba fuera, todos esos sentimientos y colores extremos que experimentaba se transformaban en tonos pastel y en días monótonos. Se ocupaba de sus hijos, de la casa, los médicos, los bancos, los colegios. Mil y una preocupaciones cotidianas que la mantenían ocupada, pero nunca más de lo estrictamente necesario. Su corazón y su mente estaba muy lejos, tanto como ese horizonte a veces rojo, a veces gris, y que tanto le gustaba contemplar desde la ventana de su casa una vez los niños acostados, y era rodeada por el silencio y la paz.
Hasta que un día, mientras contemplaba ese horizonte y daba pequeños sorbos a una taza de te caliente, un escalofrió recorrió su espalda, la angustia el dolor y el miedo de la partida llenaron su alma sin explicación alguna. Se levanto y se dirigió a la habitación donde los niños descansaban. Había algo que le empujaba hacia allí, sin comprender el que, ni el porque. En el pasillo miro de soslayo el teléfono, -Que tonta eres Uxia, aun no te deshiciste de tus miedos- se decía. Abrió la puerta y sin hacer ruido se acurruco junto al pequeño que placidamente dormía. Le gustaba estar así, contemplar en la penumbra esa carita que era el vivo retrato de su padre, y con apenas un poquito de imaginación, ella conseguia que esos suaves rasgos se transformaran en las duras y afiladas facciones de su amado. No lo solía tocar pues nunca quería despertarlo, pero aquel día lo abrazo contra su pecho, necesitaba su calor, necesitaba esa parte de el muy cerca suya. Quiso dormirse pero no pudo, el frío en la espalda y el nudo en el estomago persistían inexplicablemente. Y recordó...Abrazada a ese niño recordó. Y esos recuerdos pasaron delante de ella como un tren sin parada, de una forma caótica, sin orden alguno, hasta que el sueño y el cansancio hicieron disminuir la marcha de ese tren. Y ahora si...Ahora lo veía a el clara y nítidamente. Veía la cara de bobo y la sonrisa que le quedo cuando una tarde en la que el entraba por la cocina le soltó a bocajarro ¡estoy embarazada!, cual disparo de amor directo al corazón. Y lo veía correr por el muelle, moreno fuerte, curtido por la mar y el sol a abrazarla cuando se entero que estaba embarazada por segunda vez. Imágenes que le llenaban el corazón de felicidad y dicha. Siempre lo recordaba asociado a sus pequeños pues ellos eran el fruto de su carne. Ellos tres eran su fuerza, su motor, su energía, ellos eran los que hacia justificar su existencia, ellos la hacían sentirse importante y necesaria...ellos la hacían sentirse madre, mujer y amante...ellos la hacían sentirse mundo...su mundo. Y en medio de esa somnolencia y ese duermevela las oscuras horas de la noche pasaron aliviando un poco ese escalofrió que seguía recorriendo su espalda. Hasta que...ring, ring, ring…el teléfono sonó machaconamente al fondo del pasillo.
Soltó el niño, se dio la vuelta y miro el reloj -¡Las cuatro de la mañana!, Nadie llama a las cuatro de la mañana- se dijo. Lo dejo sonar hasta que el silencio volvió a la casa –Alguien que se equivoco de numero, no pasa nada- pensó auto consolándose. Pero el creciente temblor de su cuerpo le decía lo contrario. Ring, ring, ring, ring...sonaba otra vez. Se levanto muy despacio y atravesó el pasillo, suplicaba a dios que ese teléfono dejara de sonar, que alguien se equivocara de número...Pero no...el agudo timbre insistía inmisericorde. Descolgó y con mano trémula acerco el auricular al oído.
-¿Uxia?-...El pánico la inundo como una ola fría al reconocer la voz del armador del “Vixiador III”.
-¿Si?- un si, gutural, interrogativo, cargado de hiel y dolor salio del fondo de su garganta sin ella quererlo. Solamente una frase pudo escuchar antes de que su espalda apoyada en la pared se deslizara dejándola sentada en el frío suelo al tiempo que el auricular caía sobre su regazo...
-El vixiador dio la vuelta debido a un golpe de mar-........
-¿Uxia sigues ahí?, le decía una voz ahora ya lejana y metálica.
Si...sigo aquí pensaba...o mejor dicho ¡No!. Su cuerpo seguía allí, pero su corazón y su alma se acababan de desfragmentar en mil y un trocitos, saliéndose de el y dejando apoyada en esa pared solamente materia y una mirada perdida en un profundo y oscuro abismo. Sin dolor, sin pensamientos, y sin ningún sentido que acompañara ese cuerpo, ahora ni tan siquiera una lagrima salía de el.
No sabía cuanto tiempo había pasado hasta que el sonido de la puerta le devolvió un poco a la realidad, solamente un poco...lo justo para escuchar esos golpes, puesto que esa realidad para ser captada necesitaba de un alma y la suya había sido brutalmente despedazada hacia rato ya. De repente todo su espacio tiempo se llenaba de voces, lagrimas y lamentos...era su familia. Sus padres, su hermana y su cuñado habían corrido a su casa nada mas enterarse de la noticia.
-¡Hay neniña, que será de ti ahora!-, sollozaba su madre al tiempo que la abrazaba,
-Y que mas da lo que será de mi sin el-... pensaba ella. Todo aquello que tenia sentido en su vida se había perdido a través de un auricular. Aquello que alejaba los miedos y la soledad se había quedado para siempre en esa mar, esa mar que ahora veía negra y tenebrosa a través de su ventana, una mar traidora, vengativa y celosa. Una mar que se llevaba precisamente a aquellos hombres que mas la amaban, como si de una mantis religiosa se tratara, primero los atraía, los seducía y después los mataba sin escrúpulos y sin el menor atisbo de compasión. Mar amante, mar seductora, mar de muerte. De veinte vidas solo cuatro dejo..Solo cuatro pensaba y ninguna era su amor, dos de cada diez...uno de cada cinco...y ninguno era su amor. Que podía esperar si ni un mísero cupón de los ciegos le había tocado nunca,ni tan siquiera una muñeca en una barraca de feria, estaba visto que la suerte nunca fue su aliada. Los informativos emitían continuas imágenes aéreas del naufragio, imágenes donde se veía solamente una pequeña parte de la proa del barco que se mecía suavemente ahora en un mar en calma. Diminutos pesqueros rastreando la zona y dejando estelas de amargura tras de si. Pero...!Nada!. Solamente tres cuerpos mas aparecieron en el interior del barco, pero ninguno era su Sito. Mejor así, para que quería su cuerpo, si su alma ya no estaba en el, aquella alma de hombre libre ya no moraba en el. Recordaba los versos del poeta...
”¡Hombre libre, tu siempre preferirás el mar! La mar es el espejo en que tu alma se mira, en su onda infinita eternamente gira, y tu espíritu sabe lo amargo saborear”.
Ese hombre que tanto disfrutaba con los abrazos de esa mar, definitivamente se fundía con ella en un abrazo infinito.
–Al final te lo llevaste maldita-, pensaba, -lo conseguiste para ti y para siempre-...-Me ganaste la partida.-
Y el tiempo fue pasando lento y dolorosamente. Su vida diaria y sobre todo sus hijos fueron encargándose de que esos tristes recuerdos fueran disipándose como humo de chimenea. Que las amargas despedidas, el sinvivir y los miedos fueran encerrándose para siempre en el cajón del olvido...Se sentía liberada...liberada de una cadena forjada con eslabones de angustias y esperas. Y al fin...el negro dio paso al azul y dejo de odiar a esa mar, no se puede odiar eternamente algo tan bello, tan inmensamente bello, por mucho daño y dolor que te causara. Volvía a contemplar con la misma serenidad de antes esas bellas puestas de sol donde la luz se fundía en abrazos de colores con esa mar. Le gustaba bajarse a la playa y dejarse acariciar por el agua, pues sentía las caricias de el, le gustaba tumbarse en la arena y oír su murmullo, pues oía la voz susurrante de el, y le gustaba sentir su brisa pues sentía el aliento fresco de el en ella...
Pero lo que mas le gustaba era escribir un -¡Te quiero!- en la arena, en la orilla...donde la mar se lo pudiera llevar muy, muy lejos...haciendo realidad aquel verso de García Lorca, que a el tanto le gustaba....

-Aunque en el mar, mi amante cuerpo este..
-Escríbele al mar, y yo te escribiré.


Fredo
Publicado en Sextante el 20 de Abril del 2007

Mujer de mar II





Sito era hombre de mar, aunque no le viniera de familia. Nació a orillas de el y su vida transcurrió siempre a su vera. Los barcos habían sido su pasión desde su mas tierna infancia. Recordaba a su padre trabajando en el astillero y recordaba sus explicaciones de cómo se debía de hacer un buen barco, un barco duro y resistente, un barco trabajador y protector, Nunca olvido esas lecciones que con enorme interés infantil escuchaba de boca de su querido progenitor, mientras lo veía lavarse en el viejo lavadero de piedra salpicándose con aquella agua fresca. Esa era otra de las cosas que le quedaron grabadas de el: el como se debe de lavar un hombre sin miedo a mojarse, haciendo que el agua clara además de limpiarte, te refresque el rostro y el alma. Y sito creció haciéndose un hombre introvertido, perdido en sueños de mar, leyendo todo lo que tuviera que ver con esa mar que tanto amaba, soñando en navegar y cabalgar sobre grandes olas blancas y mecerse sobre suaves ventolinas azules.
Hasta que un buen dia y siendo aun muy joven, decidió poner fin a su tediosa vida en tierra y buscar sus sueños enrolándose en un navío mercante, un navío que lo llevaría mas allá de ese horizonte azul, tal y como hicieron los héroes de su infancia. La tarde de su partida...un húmedo y lluvioso dia de otoño, sintió por primera vez en su corazón una de las muchas punzadas de dolor que esa amante poderosa le ofrecería a lo largo de su vida. La visión de su madre en ese muelle gris llorando desconsoladamente, viendo como su pequeño se alejaba a bordo de aquel gigante acerado, hacia que en el también se asomaran lagrimas de niño, lagrimas de hombrecito inmaduro. Pero que, recordando a los protagonistas de sus libros supo mantener a raya, aunque su pequeña alma se desgarrara en su interior. Los años siguientes a esa primera tarde, fueron años intensos para el, conoció países, culturas y gentes diferentes, se perdió en medio del gentío de zocos tunecinos, refresco su cuerpo en limpias aguas caribeñas, se meo de risa con sus compañeros mientras se escondían tras un contenedor de la policía portuaria en Valencia, después de haber destrozado la cantina de dicho puerto, en una “limpia” pelea nocturna con unos marinos alemanes, durmió al sereno en la calida noche Argelina contemplando las estrellas, regateo objetos en la colorida Costa de marfil, vivió peligrosas noches en burdeles Turcos. Sintió el amor en cada puerto, o eso a el le parecía, ya que a cualquier chica que conocía le iba declarando su amor eterno, por lo menos hasta el próximo puerto...o por lo menos hasta la próxima chica. Poco a poco fue curtiendo su cuerpo y su alma, y sin el darse apenas cuenta, aquel niño soñador fue dando paso a un joven duro y bragado, conocedor de su profesión pero que aun seguía manteniendo ese soñador espíritu de aventura y ese eterno amor por una mar que lo hacia sentirse vivo a cada minuto. Una mar a veces ingrata, muchas veces dura, pero las mas...dulce y seductora.
Muchos atardeceres apoyado sobre la regala de la balaustrada, le decía en un suave murmullo: -nunca una mujer conseguirá que la ame tanto como a ti, nunca una mujer tendrá tu belleza y nunca una mujer sabrá seducirme como tu lo hiciste-...No sabia cuan equivocado estaba mientras fluían esos pensamientos a través de las mareas de su mente, pues en uno de esos viajes de vuelta a casa...apareció ella.
Uxia se llamaba, y su belleza superaba en creces a esa mar, en sus ojos negros aprendió a ver las profundidades del alma, en su suave voz encontró el mismo efecto tranquilizador que encontraba en el murmullo de las olas, y el tacto de su piel no tenia ni comparación con el mas calido de los atardeceres tropicales, ni con la mas suave de las brisas del sudoeste. Esa mujer a la cual en un principio prometió amor eterno “hasta el próximo puerto”, se fue convirtiendo en su amor eterno de verdad. Desde el momento que la conoció sus días de mar pasaron a tener cuarenta y ocho horas. Eran inacabables esos seis meses de largas singladuras que estaba sin ella, con lo que decidió finalizar su andadura mercante y enrolarse en un pequeño pesquero...Y así, sin renunciar a un amor, sentiría el otro mas a menudo en su piel. Su vida fue transcurriendo feliz, -¿Que mas puedo desear?-, se decía...-Tengo el mar, la tengo a ella y tengo mi libertad-. No creía que hubiera algo que lo haría sentir mas dichoso...Y lo hubo!...Fue una buena mañana, mientras atravesaba el umbral de la cocina, ella y su enorme sonrisa, le comunicaban que iba a tener un hijo...-Dios mio-, de repente el centro del universo se concentro en aquella cocina. Si...Se podia ser mas feliz...comprendió...!mucho mas feliz!. A partir de aquel momento, la mar adquirió otro tinte en su mente, otra perspectiva, dejo de ser su amante exclusivamente, para convertirse también en su medio de vida. Necesitaba cumplir las promesas que le hacia a aquella mujer y a su futuro hijo cada vez que llegaba a puerto, aquellas promesas y planes de futuro que se hacían después de largas horas de amor. Dejo de navegar en aguas tranquilas para navegar en otras mas furiosas y retadoras, pero que le aportaban mejoras en la economía de aquella pequeña familia que estaba formando, mejorando asi la calidad de vida a los suyos. No le importaba, le hacia feliz el pensar que tanto a ella como a sus pequeños nada les faltaba. La fatiga se tornaba en fuerza, las largas y frías noches aguantando malos tiempos al pie de la maniobra, se le hacían calidas solo con pensar en ella. La recordaba tras la ventana, contemplando la mar absorta en aquella línea que separaba los azules. Le encantaba esa visión de su amada, varias veces la había encontrado así, contemplando ese lejano horizonte. Y nunca se atrevió a romper esos momentos de intimidad, ni tan siquiera a preguntarle en que pensaba, pues le traía recuerdos de si mismo, de su niñez y de sus silencios.

Aquel día había amanecido frío y gris, una ligera marejada del sudoeste no se correspondía con el color acerado de poniente, presagio de...como dice el refrán: A levante claro y poniente oscuro...temporal seguro. La pesca estaba siendo realmente buena aquel día, tónica habitual en aquella marea. Si seguían con ese ritmo, tres días mas y se marcharían para casa. Imaginaba la sorpresa que se llevaría ella al verlo llegar, pues no lo esperaba, al menos hasta dentro de veinte días. Rió para sus adentros mientras abría las vísceras de un enorme ejemplar de pez espada...hacia dos días que había hablado con ella y no le había dicho nada cuando le pregunto que si tardarían mucho en regresar.
-Como siempre-, le dijo –Ya sabes, al final los meses hay que cumplirlos, como las condenas-.
–Bueno-, contesto ella –Habrá que tener paciencia-. Sito tenia pensado darle una sorpresa, su idea era aparecerle de improviso en casa, quería ver su rostro asombrado y alegre.
Un súbito balance le hizo trastabillar y le obligo a agarrase a una escotilla, -Parece que esta cogiendo mal color esto- se dijo. Dejo la faena por un instante y salio a cubierta, un fuerte chubasco estaba cayendo en ese momento, la mar se encontraba adormecida por la cantidad de agua dulce que le estaba cayendo encima. Mientras la contemplaba oyó decir al patrón a través de la megafonía:
-Vamos muchachos, apurad un poco las maniobras, que tenemos un jodido miura por la proa-.
-Va a ser mejor que vayamos amarrando todo- le dijo Sito a su compañero de fatigas. Conocía a su patrón y sabia que no era hombre de exagerar, ni de arengar a sus hombres con engaños. Si el decía que algo malo venia...!Es que venia!.
Y lo anunciado no tardo mucho en llegar...Al mediodía los cielos seguían grises pero no llovía, la mar se empezaba a llenar de blancos borreguitos de espuma en su superficie, rolando los vientos al noroeste y arreciando. Haciendo que el barco navegara atravesado a la mar mientras metían a bordo los aparejos, situación peligrosa esta si el viento seguía aumentando en su intensidad. Un fuerte balance les tiro todo el pescado que tenían estibado a estribor a la banda contraria, haciendo así que el barco tumbara mas a sotavento, agudizando de esa manera la escora producida por el viento. Decidió junto con su compañero, bajar aquel pescado a la bodega para que no sufriera daños en cubierta, labor que les llevo cerca de media hora. Cuando subieron de nuevo las condiciones de mar y viento habían empeorado muchísimo. La mar rugía brava ya, y grandes olas se abalanzaban amenazantes una tras otra sobre el barco. Lo prudente habría sido dejar los artes en el agua, y poner el barco a la capa, pero tan solo les quedaba una hora de trabajo para tener todo a bordo y así capear con mas tranquilidad.
Y efectivamente...esa fue la decisión de su patrón, un ultimo esfuerzo y todo acabaría por hoy.
Pero llego un momento en que se hacia prácticamente imposible laborar el pescado que iba entrando, fuertes cucharadas de mar embarcaban a bordo cada vez que el barco escoraba a barlovento, haciendo que todo anduviera al garete sobre cubierta e imposibilitando las tareas...o trabajabas, o te agarrabas. Viendo el cariz que estaba tomando el asunto, Sito decidió cerrar la escotilla que comunicaba el parque de pesca con el resto de la habitabilidad del buque... Y en esas estaba cuando de repente...un terrible golpe sacudió el barco de proa a popa, y de babor a estribor, haciéndolo temblar. Era como si un enorme mercante los hubiera embestido salvajemente y ahora los arrastrara de costado, tumbándolos violentamente en una escora sin fin. Sito tubo que soltar la escotilla, e inmediatamente se vio catapultado contra el mamparo de babor, un mamparo que inexplicablemente ahora le servia de suelo. La señal de alarma corrió por sus neuronas, haciéndole comprender al instante que aquello era algo mas que un fuerte bandazo...!Dios mío, el barco estaba dando la vuelta!...el pánico en la cara de su compañero se lo confirmo. El volteo se estaba completando rápidamente, lo que antes era cubierta...era techo ahora. Intento orientarse y buscar una salida, pero todo era confusión y nervios en su cerebro...la adrenalina golpeaba rítmicamente sus sienes. Hasta que...y sin previo aviso, una enorme catarata de agua helada entro por el portalon inundándolo todo, asfixiándolo todo, ahogándolo todo. Sus ojos buscaban a su compañero en medio de aquella caótica locura de boyas, aparejos, pescado y espuma. Solo había espuma a su alrededor, una espuma fría y mortal que lo envolvía totalmente. Instintivamente cerro su boca y aguanto el aire, y con dificultad se fue moviendo entre el caos buscando la vida. A solamente dos escasos metros tenia el portalon del parque de pesca...tenia que llegar, tenia que salir de allí...¡tenia que respirar!. Y lo hizo, saliendo a la superficie como una boya, sacando medio cuerpo fuera en el esfuerzo. Y abriendo desesperadamente la boca...respiro...insuflo aire en sus pulmones, volvió a llenar de vida su cuerpo. Durante un intervalo de tiempo que le pareció interminable, solo hizo eso..respirar... respirar. Y esa respiración lo fue tranquilizando, y esa tranquilidad a su vez le fue devolviendo al escenario del drama que estaba viviendo. Miro a su alrededor, ¡no miraba el barco!, ¿Dónde estaba el barco?, ¿Dónde estaban sus compañeros?, ¿Dónde estaba el?. ¿Porque aquello que tanto amaba quería quitarle la vida así...de esa manera, en medio de esa terrorífica soledad azul y blanca?. Cientos de estupidas preguntas pasaron rápidamente por su mente, a la vez que cientos de estupidas respuestas intentaban consolarle baldiamente.
-Tengo que vivir, tengo que sobrevivir-, -Ella me espera, ellos me esperan-, se repetía una y otra vez, como si esas palabras ejercieran de salvavidas en medio de esa mar tenebrosa, como si esas palabras calentaran sus miembros que empezaban ya a entumecerse. Y recordó la noche anterior, cuando acompañando en la guardia nocturna al patrón, miro el termómetro de mar ...doce grados...¿Cuanto resistiría sumergido en un agua de doce grados...veinte, treinta minutos quizás?. No lo sabia, pero si sabia que no era mucho y que cuanto mas quieto estuviera, antes llegaría la vieja dama de la guadaña. Y nado, sin rumbo, pero nado. Y mientras lo hacia pensaba en ella, y la volvía a mirar sentada tras su ventana contemplando la mar, serena y absorta...Y la llamo...grito su nombre en aquel frío y negro atardecer, sin esperanza que ella lo oyera, pero aun así la llamo....¡Uxiaaaa!!
Después se rindió definitivamente, sus miembros estaban helados, todo esfuerzo era inútil ya... y así lo asumió. El silencio lo fue rodeando, ya no sentía frío, y una calida paz invadió su alma, se sintió ingrávido mientras la luz se iba quedando allá arriba, cada vez mas difusa, cada vez mas lejana. Y contemplándola por ultima vez, su pecho soltó un desgarrador ¡Te quiero!, soltando también con el, su ultimo aliento de vida.

Y cerrando los ojos, se abrazo a su amante, en un abrazo eterno e infinito.



Fredo
Publicado en Sextante el 9 de Junio del 2007

Raices de mar

Aprovechando la semana del libro, hoy me gustaría explicarle a vuesas mercedes cuales son en parte las raíces de mi amor al mar...Alguno pensara que viene de casta, equivocándose al ciento, ¡Pardiez que no! Mi amor por la mar viene dado, por las mil y una vidas que tuve a lo largo de mi periplo mortal. Todo empezó un lejano día cuando conocí al terrible Long John Silver,que sentado al pie de mi cama con su viejo loro al hombro, me confiaba el mapa de la Isla del tesoro, al tiempo que rascando su ya desgastada pata de palo me hacia jurar bajo pena de vida que mis labios quedarían sellados y que no confiaría a nadie tal secreto. Después de Jack el largo y navegando hacia Guinea naufrague junto con el ilustre Crusoe en una isla desierta, allí conocí a Viernes y juntos aprendimos a sobrevivir de los frutos de la tierra y la mar, amándola un poco mas si cabe. También navegue eternas singladuras de muerte a bordo del Holandés errante escuchando aquellas tenebrosas palabras de... «¡Cuando todos los muertos resuciten, entonces yo me desvaneceré en la Nada!...Eterna aniquilación, acéptame contigo.». Recorrí Veinte mil leguas de viaje submarino a bordo del Nautilus junto al capitán Nemo y el arponero Ned Land admirando la belleza de los fondos oceánicos y de los animales que los habitan. Incluso trate de disuadir sobre la cubierta del Pequod, en medio de un fuerte temporal atravesando el cabo de Hornos, al capitán Ahab, para que desistiera de su absurda y obstinada persecución a la ballena blanca Moby Dick .
Surque los siete mares y me las tuve que ver cara a cara con el corsario Drake y John Hawkins en el estuario de Lisboa, comandando mi primera galera frente a los navíos de guerra del perro ingles. Herido y maltrecho arribe en Laredo a bordo del Trinidad Valencera después detener que picar cables, y con el mastelero roto navegar a rumbo de sur en franca retirada, dejando atrás los restos de una Armada Invencible, que por lo visto no era tal. Contemple atónito como Horacio Nelson sobre la toldilla de popa del Victory aniquilaba la escuadra franco-española en Trafalgar, gracias a la cobardía y traición de los franceses. Y también participe junto con mi amigo Fletcher Christian en el motín de La Bounty, acabando asi con la tiranía del capitán Bligh, volviendo yo mas tarde a puerto y dejándolos felices y comiendo perdices en la Isla Pitcair. Como podrán comprobar vuesas mercedes, un sinfín de aventuras juveniles que aun perduran hoy en dia gracias a hombres como el brigadier Gigante y su amigo Pecas con los cuales aprendo a marinar un navío de guerra del porte del Santísima Trinidad, o como mi querido amigo el Capitán Alatriste, con el que sigo repartiendo mandobles a la diestra y a la siniestra agarrados al estay de gavia, cada vez que nos encontramos frente por frente con el turco. Corsarios, piratas, bucaneros, capitanes de navío, arponeros, náufragos, sicarios y un sinfín de hombres de mar, llenaron la mente de este que suscribe para lo que acontecería después, y a lo largo de su vida; formándolo como marinero mucho antes de que pisara la cubierta de un barco por primera vez. Se que la vida real nada o poco tienen que ver con los libros de aventuras, pero en mi caso me ayudaron a ver la mar con otros ojos. Y a pesar de los 25 años que tengo encima amadrinando vientos, sigo viendo la mar con ojos soñadores, con esos mismos que tenia el jovencito Jim cuando embarco por primera vez junto a Jhon Silver el Largo en la búsqueda del tesoro. Y ahora me pregunto...¿Con que mirada miraran nuestros hijos el mundo cuando sean adultos?. Porque ellos...al menos la mayoría no leyeron un libro de estos en su vida...(de estos o ninguno). Las videoconsolas sustituyeron esta forma de diversión juvenil, el capitán Ahab fue jubilado y a cambio colocaron en su puesto a Sam, un mercenario musculoso que lleva a cuestas 90 kilos de metralla, incluidas armas biológicas y cuya única misión es no dejar títere con cabeza, sea humana o alienígena. El surcar los siete mares a bordo de un bergantín ya no se lleva. Ahora lo que se lleva es hacer el vándalo por el medio de una ciudad virtual a bordo de un coche o moto con cientos de caballos y cargándote todo transeúnte, policía o vieja que se te cruce en el camino. Personalmente no tengo nada en contra de estas nuevas formas de diversión juveniles (no vaya a ser que se les ocurra a mis hijos pasarme por la quilla, o darme cañon como mandan las ordenanzas), pero pienso que pueden ser compatibles ambas, y que nuestro deber como padres y educadores es inculcarles ese amor por un buen libro, ayudándoles asi a que sus mentes no se aletarguen, que no les den todo hecho, que imaginen, que sueñen, que naveguen por los siete mares y que crezcan ayudados por la personalidad de otros hombres. ¡Que lean coño...que lean!

Fredo

Publicado en Sextante el 4 de Mayo del 2007

La Muda

Como siempre hago cada noche una vez acabadas las faenas de pesca, cuando la tripulación descansa, el trabajo esta terminado y nada hay pendiente de hacer por ahí. Apago las luces del puente, pongo un poco de música y con mi café y mi cigarro dejo que mis pensamientos me lleven allá donde ellos quieran ir. Es mi mejor momento del día como ya escribí en alguna ocasión, los recuerdos se me hacen más nítidos y las reflexiones mas profundas. Ayer puse el CD “Grandes” de los mexicanos Mana y al tiempo que disfrutaba con el tema “El muelle de San Blas” mis pensamientos volaron hacia un personaje muy conocido y entrañable entre aquellos que navegamos en medio de esa marea humana que pulula por las entrañas de los tinglados portuarios. Una marea humana llena de personajes variopintos que hacen de los puertos su lugar de trabajo...marineros, guardianes, armadores, vendedores, escabicheros, pescantinas, guardia civiles, mecánicos, cantineros e incluso raterillos...todos ellos forman ese amplio abanico de fauna portuaria.Además de estos, hay otros personajes silenciosos que no ejercen ningún trabajo ni labor social, pero que forman parte de esa fotografía, que por lo que escucho en esa canción de Mana, se repiten y clonan en otros muelles y puertos del mundo.Son ciudadanos que por diferentes circunstancias, se alejaron del sistema o no fueron capaces de integrarse en el. Personajes la mayor parte de las veces ricos en historias y experiencias, pero olvidados por una sociedad tremendamente egoísta e hipócrita que cree lavar su conciencia depositando unas monedas en esa mano temblorosa que las solicita, o dejándolas en el cepillo de la iglesia los domingos creyendo absurdamente que iran a parar a las hermanitas de la caridad y de allí aquien mas lo necesite.O sea; esos personajes silenciosos que ahora llamamos indigentes, pues al llamarlos por su verdadero nombre: pobres, mendigos o vagabundos, parece que nos remueve mas la conciencia y eso no nos gusta.Uno de esos ciudadanos que desde hace muchos años me encuentro en mis madrugadas de descarga es “La Muda”, omito el porque de ese apodo...creo que es obvio. La muda es una mujer de la cual se desconoce su edad y su verdadera historia. Una mujer delgada, con unos preciosos ojos claros de triste mirar, una mujer ajada por una vida que debió de ser terriblemente dura y que fue dejando marcadas en su piel una a una las frías madrugadas del puerto. Su labor es pedir...pero hasta en el pedir hay que tener dignidad, y ella la tiene. Ella se acerca y te observa mientras descargas, -lógicamente- sin decir nada, y tu le dices -¿Queresun peixe muda?- a lo cual ella asienta con la cabeza, se lo das, lo coge, y después de agradecértelo con una leve inclinación de la misma,se va. Nada más. No estorba, no da la lata, no insiste; a diferencia de otros personajes que si lo hacen, si dan la lata, si estorban y...si“exigen”, como pueden ser: carabineros, guardamuelles, guardiasportuarios y demás aves carroñeras que acechan las descargas y a los cuales les importa un carajo el sufrimiento o trabajo que ese pescado,cartón de tabaco o botella de güisqui suponga para el marinero. Pero volviendo al hilo del relato, y el porque la canción de Mana me hizo pensar en esta mujer...Es su historia. Una historia que como todas las que circulan por el puerto, no se sabe cuanto tienen de historia y cuanto de realidad. Se cuentan dos versiones sobre su vida...la una es la de una antigua prostituta, versión que no me cuadra con la dulce tristeza de sus ojos.Y la otra es la historia de un amor, o mejor dicho...un desamor. Es la historia de un corazón roto, de una triste madrugada de despedida empapada en llanto como dice la canción, de interminables esperas a un hombre que jamás volvería, que se alejo para siempre de su vida tras la difusa luz verde del faro que señala la entrada al puerto. Una historia de una vida de soledad que tan acertadamente resume en una única palabrala letra de Mana: “SOLA”.Yo no se si será cierta o no, pero... a mi personalmente, -tal vez, por mi puntillo romántico-, me gusta creer e imaginar que así fue. Aquel que se te ha ido “Muda”no volverá, pero los que si volverán como las mareas son esos otros hombres que te respetan, aprecian y ayudan. Hombres que te ganaste con silencios y con miradas tristes. Hasta que al final, un mal día...seas tu la que ya no vuelva, haciendo si cabe, un poco mas frías esas madrugadas de descarga. Y entonces...espero que alguno de esos hombres se acuerde de ti, y te lleve allí donde estés, una rosa de amor marinero. Una rosa que esperaste durante tantos y tantos amaneceres...y que nunca, llego.

Fredo

Publicado en Sextante el 16 de Febrero del 2007

No da para mas... II



En la literatura o en la palabra escrita que aparentemente es lo mismo, suele pasar que la pluma si no tiene la suficiente habilidad para plasmar en el lienzo el color que se quiere transmitir, este se convierte a infinitos matices e interpretaciones, ya de por si ambiguos en la paleta de aquel que escribe. De ahí su magia a veces, y sus errores de interpretación las mas…. Y por lo que se ve este es mi caso.
Estoy recibiendo montones de mails de buenos amigos, preocupados por lo que parece ser, se interpreto en mi última entrada como un acabose o falta de inspiración para seguir escribiendo en este cuaderno de Bitácora.
Y me gustaría aclararos que no es así. Sigo escribiendo, no tan a menudo como antes, debido al nuevo compañero de atardeceres y preocupaciones que me absorbe todo el tiempo… y más; pero sigo escribiendo. Y como conté en esa última entrada cada uno tiene su método y su cilicio para esto de estilizar la mancha de tinta sobre el papel.
El mío como dije, pescador de mente y manos hechas de salitre, viento y trabajo duro, es escribir muchas y variopintas notas en otros tantos soportes, la mayoría de las cuales se pierden o en el mejor de los casos pasan a formar parte de esta abultada carpeta de borradores que se oculta en lo mas profundo del cajón de mi cuarto de derrota, hasta el día que peleen por salir y se hilen formando un pequeño conjunto de pensamientos que se me antoje conozcan los demás.
En ese ultimo escrito solamente quise reflejar las sensaciones que este viejo marino siente de cuando en vez frente a la pantalla de plasma, ese vacío para hilar palabras, que no pensamientos. Pues para mí lo difícil y arduo en el encaje de la escritura es crear la retórica o metáfora precisa que sitúe a quien lee en ese cuadro que esbozo y que refleja en ocasiones mi sentir, o mi recuerdo. Y no se trata de escribir un párrafo complejo, pues salvando las naturales excepciones, es probable que la mayoría de las veces estos se refieran a un texto mal escrito. Es como cuando calificamos de profundo un pensamiento que no pasa de ser confuso. La prepotencia literaria de aquellos que leen mucho suele ser muy propensa a descalificar textos sólo porque estos resultan accesibles a cualquiera, aunque también son abundantes aquellas personas que eligen lecturas de difícil comprensión porque creen que una biblioteca de obras ininteligibles favorece su prestigio y ego intelectual. Si he de ser sincero, personalmente nunca leo una novela en la que el final de un párrafo me deje la misma sensación de incertidumbre que si preparase una travesía al atlántico central con una carta del Mediterráneo. Mis exigencias literarias son fáciles de satisfacer. En realidad a una novela sólo le pido que el primer párrafo no acabe en la página veinte, que los personajes femeninos no tengan las tetas como las mias y que su lectura me deje al final la sensación casi alimenticia de haberme tragado algo cuyo placer no se pueda sustituir con cien gramos de embutido
No soporto leer novelas supuestamente complejas e intelectuales desde que me di cuenta de que cada vez que abría un libro de Savater o Maria Zambrano, me acordaba de dar de comer a mis perras o de cortar el césped.
Me decía una amiga en uno de estos correos, si había cambiado el placer de escribir por el de la lectura en exclusiva. Y no es exactamente eso; pero supongo que coincidiréis conmigo que una vez que se accede a este mundo de los spaces y blogs personales. Es mucho mas placentero que el teclear insomne, disfrutar con los mordientes e irreverentes textos de “Tío fétido”, las palabras escritas con carmín y lápiz de ojos de “Josune”, soñar despierto entre la música, la imagen y los versos de “Lluna”, volver a ser un niño con los cuentos de “Princesa”, reflexionar con las escogidas y hermosas líneas de “Morgane”, navegar febril con los enlaces de “Fénix, o sentarme a leer bellos relatos de vida tras la barra del bar, entre sorbos de un leche y leche con "Amelia"… por citar algunas de las buenas plumas amadrinadas a este blog (pues hay muchas mas…Evi, J.J, Tesa, Marina, Kaktus, Holliday…), los cuales, de puntillas a veces o como elefantes en una cacharrería otras, suelen entrar asiduamente a hurgar entre las hojas del cuaderno de Bitácora de este viejo pescador.
Gracias a todos, y por aqui sigo. Un saludiño desde esta hermosa tierra celta que en primavera...!Se sale!

Fredo
En Vigo a 20 de mayo del 2008

No da para mas



Hay amaneceres que te despiertas insomne, te sientas delante del ordenador... clap, clap, clap, y el texto sale solo. Tus pensamientos, reflexiones o imágenes se transmiten desde tu cerebro hasta tus dedos de forma automática e inconsciente, como un fluido que por gravedad busca su punto mas bajo. Otras veces simplemente te dedicas a transcribir y embellecer notas rápidas en una servilleta de papel, un espacio en blanco de un diario o el dorso de un recibo de banco, que te sirvieron en su momento de soporte para dibujar con palabras ese mundo que observas curioso a tu alrededor y que después te ayudara a elaborar un texto. Pero las mas, son aquellas en las que te sientas delante del ordenador con tu café humeante, enciendes un cigarrillo, y esa conexión entre tu cerebro y tus dedos se cortocircuita incesantemente, rotulando una y otra vez palabras desnudas, escritas con la absurda esperanza de que ellas solas cobren sentido en la fina hoja del plasma.
Mas tarde cuando relees lo escrito, te das cuenta que no hay nada en el por lo que merezca la pena que se enfríe el café, o que la incandescente brasa del cigarrillo deje de dibujar sinuantes volutas azules en el cenit de tu espíritu haciendo que todo lo que lees sea incluso mas mediocre que tu propio cadáver.
Hay formulas para escribir en cualquier tipo de estilo, hasta hay incluso manuales para escribirle cartas de amor a tu chica con una escritura ejemplar y automática, aunque estas arrastren en su lectura el soniquete de algo que lo mismo sirve para camelar a tu futura, que para encargar tornillos en una ferretería. Pero cualquier método o sistema es baldío si en tu cabeza no alumbra esa serena y reacia luz desigual, casi intestina, que cambia tu efervescente mirada del amanecer, en esos dulces y atónitos ojos glaucos del escéptico soñador insomne.
En la, a veces difícil tarea de convertir esa luz en literatura tiene mucho que ver la habilidad de cada cual para estirar la tinta sobre el papel. Esta se convierte en una mancha y sólo si se acierta a estilizarla surge el fluido del texto en cuya depuración sobreviene de tarde en tarde la magia de transmitir. ¿No es acaso la perfumada coloración homogénea de la cara de una mujer el resultado de haber sabido extender con las yemas de los dedos sobre su rostro lo que no eran más que cuatro pequeñas manchas de maquillaje en la nariz, en la frente y en los pómulos?

Y como por lo que se ve, hoy es un dia de esos. Aprovechare la sanguínea luz de este amanecer para leer lo que pueda de las muy buenas plumas amadrinadas a este blog, dejando que la Génova de mi imaginación sea acariciada por otros vientos distintos y mas calidos que las gélidas brisas atlánticas a las que esta acostumbrada a capear su trapo y a enfrentar su rostro.
De paso también saludar a todo aquel que se asome a este pequeño cuarto de derrota y lea curioso las páginas de su cuaderno de Bitácora. No da para mas esta breve estancia en tierra con motivo de una reparación, pues en apenas unas horas este que suscribe volverá a dejar por estribor la roja de la escollera poniendo rumbo a los atardeceres, y dejando una blanca estela de recuerdos sobre ese manto azul y liquido de la dueña de nuestra alma marinera. Y como reflejara el Diario de Navegación al acabar esta singladura: “Una vez libre de puntas, ponemos rumbo de oesnoroeste hacia los caladeros de pesca”.
Eso si... no sin antes haber dicho aquello de… ¡Arriad cabos chavales y que nuestra señora nos acompañe!... ¿Curiosa frase para un escéptico religioso, verdad?
Un saludiño.

Fredo
En Vigo a 10 de Abril del 2008


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Despedida


Viñeta modificada del personaje Corto Maltes (Hugo Pratt)

... HASTA LA VUELTA

Corazon de sal


Fuera en la calle, llueve y braman ariscos los vientos entablados del sudoeste en este gris y triste amanecer de semana. Eso y mas, hace que a este viejo bribón que suscribe le llueva el alma por dentro, Y como dulce y anhelado purgatorio cierre los ojos y los deje aullar en lo más profundo de su corazón, haciendo que este duela, como duele el corazón de un enamorado cuando comprende que ha de alejarse del ser que considera una parte de si mismo, como cuando el oro se destiñe de su brillo y el incomparable azul de la mar se convierte en el negro mas oscuro. Os aseguro que en esos tristes momentos, es cuando parece desplomarse el telón de nuestra vida, es cuando se pierden las imágenes de la palpitación eterna y la armonía diaria se diluye como sal en el agua.

Aunque uno sea optimista, -desde luego de forma moderada- gracias a los cuarenta y cinco años de mochila a hombros, y no al estilo de otros que lanzan chirimías sin medida, para después descabalgar el santo. Los mil problemas que van surgiendo en la vida como piedras de escollera que afloran con la bajamar, rozan una y otra vez las chapas del pantoque del alma, abriendo una vía de desazón y recuerdos en el más bragado y atrincherado de los corazones.

En días así, la morriña de los recuerdos abona la fertilidad poética de la memoria haciendo que de la marea a uno solo se le quede grabado el olor de las algas en la bajamar, al igual que de las postrimerías del último verano de la infancia uno solo suele recordar la bicicleta pinchada, las golondrinas abanicando los sepulcros y unas ajadas bragas en el tendal de las toallas. Tal vez sea por eso por lo que la mar se disfruta más cuando el transcurso del tiempo ha hecho irremisible su pérdida y podemos recordarla con una mezcla de exactitud y de leyenda, en esa delirante y mórbida distorsión que suelen causar la acetona y la fiebre en la siesta de los niños. No se trata de que haya olvidado como eran en mi vida la mar y los escollos, los amaneceres, los atardeceres y los hombres que llevan la piel tatuada con profundos surcos de vida. Sino de recordar que ya entonces tenía por costumbre sentarme frente a cualquier paisaje y cerrar los ojos para intentar redondear la realidad con la imaginación, como si el panorama no estuviese acabado sin las pinceladas con las que tantas veces suele la fantasía completar las nimias imperfecciones de la belleza.

Repaso viejas fotos de mi vida en la mar y la minuciosa realidad casi matemática de la fotografía merma la emoción de los recuerdos, su literatura y su leyenda, porque nada perjudica tanto el olor de las flores como saber de ellas la tumba, el estiércol y su precio. A lo mejor es que las cosas de la mar se recuerdan mejor cuando con el paso del tiempo se tiene más fresco su olvido.


Fredo
Vigo a 10 de Marzo del 2008


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